Feminismo, hogar, machismo y amor

 - por Carlos González

Llevo muchos días preparando este post, entre otras cosas, porque mucho me he entretenido para acabarlo; pero aquí va, y conste que lo corté, no por censura, si no por largura que ya llevaba.

Siempre digo y me encanta hacerlo, que soy un hombre feminista y, además soy cristiano evangélico, lo que es una religión (sí, religión, porque aunque digan lo contrario para inumerables cristianos esto no es fe o modo de vida, si no pura y simple religión) que es conocida por su alto grado de machismo. Terrible contradicción.

Hace unas semanas, vi en mi lector de RSS un post en el Blog de Keila Ochoa titulado: ¿Ama de casa o amando la casa?, donde dice de manera sencilla (pero no simple) que, básicamente, el amor a la familia es lo que hace al hogar y por tanto, no se debería ocupar el término ‘ama de’ que significa dueña, si no el ‘ama la’, mismo que representa entrega y, redundando, amor por el hogar. Unos días después, pude leer gracias a Facebook, 6 posts publicados por Karen Durán, a quien conocemos mi esposa y yo desde hace décadas, donde habló de lo que ella llama “la mujer mantenida“, lectura que me dio más material con el cual conversar.

Antes de que me repelen y me acusen de pleitero jarocho (porque ni soy pleitero, ni jarocho) aclaro y aviso preciso y conciso que este tema no va en contra de ambas autoras antes mencionadas ni viene a propósito de lo que ellas escriben. Este tema lo he tratado en varias ocasiones y no lo dejaré de tratar.

El tema y la opinión de Keila me parecen maravillosas y elegantemente correctas y Karen se manifiesta de acuerdo en el amar la casa, aunque defiende mucho la idea de ver a la mujer como la “hacedora” de espacios hogareños. Yo quisiera que fuera real la idea de Keila. Amar la casa es algo superior a laborar en ella o controlarla. Lamentablemente, eso es una realidad que se escapa al lado de la ficción o de los mitos urbanos. La amante de casa es algo tan escaso como un político honesto en fin de sexenio y peor aun, el hombre amante de casa es más escaso que una pulga sin un perro. Karen toma 6 post para decirnos lo que piensa de su vocación personal y su experiencia como amiga y amante de su casa, haciendo espacios y creando satisfacciones para su familia, pero vamos, es sólo el caso de Karen, yo creo que como una excepción lograda por muchos factores socio-culturales, porque en la observación de la realidad que me toca hacer cotidianamente en la sociedad en general veo otras cosas muy distintas.

En primer lugar, como hombre, pienso que debemos dejar de ser machistas de una buena vez. Bajarnos del caballo y subirnos al burro de planchar de vez en cuando, hacernos de amistad con la lavadora, hablarnos de tú con la aspiradora, saber menear la escoba con la misma resolución con la que meneamos otras cosas en el migitorio… hacer las labores de casa con la misma hombría que con la que surcamos nuestras aventuras laborales, porque estoy convencido de que vivimos en una generación de hombres apocados, prósperos y productivos, pero pequeños y estereotipados que consideramos un gran triunfo personal el cerrar un buen negocio y lo celebramos con carne asada los domingos, nos regalamos computadoras y a las esposas, damos lavadoras; somos la caricatura de la caricatura que eran Los Picapiedra.

Me gusta ser un hombre aventurero, y de hecho vivo en el filo del riesgo y la navaja día a día, tomando decisiones aventuradas y caminando en donde los hombres ‘maduros’ dejaron de pasearse hace mucho; pero parte de mi aventura es y ha sido quitarme lo macho. No siempre puedo, porque manejo un negocio propio (eso es parte del riesgo, todos dicen que estoy loco, que eso no se hace, que un cheque ‘seguro’ es mejor), pero he decidido correr la aventura de hacerlo desde casa para estar con mi familia y hacer más de lo que comúnmente se hace desde una oficina. Estoy inscrito en el curso de ser amante de casa desde hace varios años y soy un estudiante lento, pero aunque de panzazo, voy pasando el curso según me califican mis dos maestras, papel que juegan Akire y la Pádawan.

Mi atragantamiento de realidad pro-mujer viene a colación con el tema de Keila y se sobrecarga con el de Karen. Las amas de casa son la base de la sociedad pero también ejercen la profesión menos valorada del mundo. Lavan, plancha, cargan, recogen, tiran, se arriesgan… todo sin paga, sin promociones, sin ascensos, sin valoración de su trabajo. A veces sin la efímera pero sustanciosa vitamina de la gratitud verbal. Mi madre sabe de eso, porque gracias a ella se que en la madre (sin albur) se basa y constituye sin querer queriendo la sociedad de nuestra nación (la misma patria, es madre).

Por si me piden hechos, les cuento que el INEGI dice que la mujer dedica 64 horas de trabajo compartidas entre casa y labores económicamente productivas. El hombre sólo 57, en promedio, claro. ¿Han visto a alguna mujer soltera, con hijos, que no llegue a casa a hacer comida, revisar tareas, preparar uniformes, bañar chilpallates y pelearse con los cobradores? Aunque se apoyen con su familia, esas mujeres lidian por ganar un sueldo decente y, además por ser buenas madres y  amas de casa. Los hombres que hacemos trabajos similares, generalizo, llegamos cansados a ver la tele y dormir con el control remoto en la mano. Muchas mujeres que trabajan por un sueldo fuera de casa, son casadas y de cualquier modo deben cumplir con esa idea de cuidar su casa y hacerla un espacio de confort ideal para todos los del nido.

No dudo que haya hombres que salgan a pasear los fines de semana con sus hijos y que les lleven al cine o hasta tengan sus vacaciones programadas, pero, como verán después, eso es algo muchas veces dispuesto por su nivel socio-económico.

La realidad nos dice que las mujeres que trabajan en casa sufren en su mayoría de lo que se conoce como ‘Síndrome de ama de casa‘, también conocido como ‘Síndrome de Cenicienta‘, es decir, una variante doméstica del Síndrome de Burn-out, desgaste por el trabajo no valorado.

Aterrizando y tratando de entender el cuadro completo, si tu sueño ha sido ser ama de casa por todos los días de tu vida, estoy de acuerdo con tu vocación. En ese caso, la simple actividad de limpiar la casa, preparar comida y, en pocas palabras, hacer lo que cualquier mujer hacía en los años 50′s y 60′s del siglo pasado debe ser ya en sí algo agradable y más si al final del día ves a tu esposo e hijos felices. Karen llama a eso, ser una mujer mantenida, tratando de redefinir la palabra y dándole un sentido más apegado a ‘protegida‘. Karen se ve a sí misma como una mujer que cuida a su familia, se da espacio para ella, puede pasar tiempo con su esposo y aún ir a tomar café con las amigas.

La cosa es que, eso es bueno para Karen, algunas otras y deseable para muchas mujeres que laboran en su casa, pero no es la realidad que se vive comúnmente ni es lo que todas las mujeres quieren; y mucho menos es algo claramente definido como la voluntad de Dios para todas las mujeres, ya que la voluntad de Dios nunca es tan general.

La verdad es que, sin ánimo ni espíritu ‘fregativo’ eso es algo que no puede ser realidad para el enorme número de mujeres que hay en Hispanoamérica, las cuales son verdaderas amas de casa desesperadas que no comparten el glamour, la buena ropa o elegantes casas con Eva Longoria, Terry Hatcher y demás señoras photoshopeadas de la serie de TV.

El problema particular que yo veo con el término “mujer mantenida” es que no estamos como para redefinir el idioma dándole un sentido personal a una palabra tan coloquialmente ofensiva. Una mantenida es la que no trabaja, una Nini, una mujer que ni trabaja en casa, ni fuera, ni hace nada de provecho, ni te puedes safar de ella porque te va como en feria. En Ruso, se diría ‘storbo’, según cuenta un chiste.

La ama de casa que veo todos los días, esa que la mayoría vemos, esa que cuentan las estadísticas, ella va toda chancluda a dejar a los hijos a la escuela, se estaciona en doble carril gritando como mono aullador, va al supermercado a comprar en los días de oferta porque hay que cuadrar el presupuesto otorgado (ya que no puede bursatilizar la quincena), hace tareas con esfuerzos hercúleos (de nuevo, sin albur), arregla los trámites de la casa y hace las labores domésticas dentro de ella. Es ama y esclava. La enorme mayoría de amas de casa -es decir que trabajan en ella, independientemente de que la amen o no y de que trabajan también fuera- padecen por la falta de valoración de su trabajo. Les cuesta estar a la altura de lo que se espera de ellas y no reciben compensación por su labor: ni vacaciones, ni seguro social, prima dental, ni fondo de retiro… porque, a demás, no se puede retirar o jubilar. La mayoría tiene que empeñar la dentadura de la abuela para poder salir de vacaciones en semana santa, y eso que sólo van a Oaxtepec un fin de semana con toda la familia a cuestas, o mejor dicho, la familia se lleva a las amas de casa de vacaciones para que los atiendan.

Por lo menos uno de estos síntomas pueden ser reconocidos en el ama de casa promedio, yo se que todos conocemos alguna que quepa en el cuadro:

  • Sufren de alteraciones articulares: artritis, artrosis, lumbago, ciática. Están causados por exceso de carga y movimientos incorrectos
  • Fatiga, cansancio y estrés. Como consecuencia de la acumulación de trabajo a determinadas horas
  • Depresión (en una proporción mayor a otras que no son amas de casa)
  • Accidentes domésticos
  • Sobrepeso (por la tendencia a comer entre horas, falta de ejercicio físico regular, sedentarismo…)
  • Ansiedad (temor a lo desconocido)
  • Disminución del apetito sexual (como consecuencia del estrés, del cansancio y la rutina)
  • Irritabilidad (por las continuas frustraciones en los horarios y en los objetivos)
  • Cefaleas (por alteraciones físicas o por estrés y cansancio)
  • Hipertensión arterial (causada por los estados de estrés y sobrepeso)

Si somos realistas, y redondeando números para no apegarnos a las cifras más exactas y dolorosas, sólo el 30% de las mujeres puede escapar de estas dolencias porque su rango social y económico les pinta para ser “de la alta”. Si el ‘hombre de la casa‘ gana al mes más de $2mil dólares él solo, libres de impuestos y sin muchos gastos, se puede pedir ayuda profesional, es decir de una sirvienta, aquellas obreras sin sindicato y sin protección social a las que ofendemos diciéndoles ‘Chachas’ o ‘Muchachas’. Así, alcanza el tiempo hasta para tejer chambritas sin esperar bebés. Si además, se puede llevar a los hijos a actividades pagadas extra escolares, el tiempo crece como la espuma y las madres muchas veces quedan mejor socialmente, porque son vistas como criaturas más humanas, algo así como Santa Teresa de Calcuta, pero con hijos, preocupadas por el desarrollo intelectual, espiritual, anímico y social de sus hijos. Con más lana en la cuenta de banco, chance hasta pueden darse el lujo de vestirse como Eva Longoria o parecerse incluso a las ‘chicas’ de ‘Sex and the City’. Y conste que no estoy hablando en contra de nadie o atacando a las castas sociales desde el jardín izquierdo del campo, porque tarde o temprano a todos nos toca batear y no porque de pronto jueguen en posiciones más cómodas significa que no sean parte del equipo.

Yo creo contundentemente que la casa es de dos. Casados es la palabra que tanto se define a manera de mantra en los cursos prematrimoniales, para luego decir con música angelical de fondo que “Dios pone a la mujer en casa y al hombre fuera de ella; uno para cuidar y otro para sustentar; para mantener órden ella y para proveer él”. Casados, en el valor real de Dios, es tener dos en la misma casa, y ya… no hay que tratar de torcer la botella si no es reciclable. Casados, significa ir parejo.

Al menos las sirvientas reciben de 100 a 200 dólares al mes por trabajar en lo mismo que las amas de casa hacen sin sueldo. Lamentablemente, una abrumadora mayoría de los países latinoamericanos cuentan con una población de casi el 60% en clase media y obrero-trabajadora, dejando un obsceno porcentaje de casi el 20-20 para dividirse entre los muy ricos y los muy pobres.

Por eso es que ahora, la mujer busca acabar con ese Síndrome de Cenicienta creciendo y desarrollándose fuera de casa, haciendo dinero en lugar de sólo gastarlo, obteniendo ascensos, siendo valorada por sus logros personales, por otros talentos más allá del coser, bordar, cocinar y conversar, como se educaba a las mujeres en la mayor parte de los siglos XIX y XX. Muchos piensan que la mujer sale a trabajar sólo para emparejarse con el hombre o hacer cosas que ellos hacen; pero eso, si alguna vez sucedió, ya no es así, ya es algo más práctico. Dos sueldos pueden pagar un auto, colegiaturas, libros, clases de inglés para los hijos, una mejor y más nueva ropa, TV por cable y algunas salidas al cine de vez en cuando. Osea, si mi libro de Baldor no se equivoca, 2 quincenas pagan más cosas que una sola.

Es bíblico. En génesis 2:18 Dios dijo “no es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada” (NIV), o ‘ayuda idónea‘, lo cual, si no me equivoco procede de las palabras ezer k’negdo; siendo ezer un término aplicado a Dios como ayudador (Salmo 30:10, Salmo 54:4, Salmo 118:7) y k’negdo la unión de dos términos que representarían igualdad y sentido de oposición. Es entonces ‘ayuda idonea’ no un término de subordinación o de género: es el término que se aplicaría a un sostén firme (Akire dice que podría ser un brassiere… y se ríe la malvada), a la altura de lo que sostiene (puede ser que sí lo sea entonces), poseedor de una fuerza mayor e incluso en un sentido de diversidad.

Es decir, que al establecer Dios una unión entre hombre y mujer estaba estableciendo una unión en igualdad de condiciones, en coresponsabilidad, respetando las diferencias de ambos y con igualdad y equidad en derechos, libertades y metas. Y claro, no necesariamente de funciones, porque eso de la menstruación como que no se me da muy bien, ni tampoco el usar brassiere, de que somos diferentes, eso que ni que, pero no por ello también dejamos de ser iguales. Esa es la magia, el misterio, la maravilla del matrimonio. Es más, ¿no dice la biblia también que dos reciben mejor paga por su salario?

Con respecto al ensayo de Karen, mismo que sí me gustó mucho en general porque es algo aplicable a ella, lo que no me gusta ni aceptaré jamás es el uso de la palabra ‘mantenida’, porque no deja de tener su significado universal; es como tratar de decir que ‘político’ significa honesto (aunque algunos pocos políticos lo son, pero la palabra en sí ya hasta suena feo); sin embargo defiendo el hecho y la decisión de que algunas muy contadas mujeres quieran actualmente, y puedan, dedicarse a su casa como única opción laboral, por vocación y amor. Sin embargo, prefiero y defiendo la decisión de la mujer de ir a aventurarse fuera de casa para ser ayudadora. Incluso eso se y he visto vez tras vez en muchas mujeres, que no elimina el amor por su hogar que les impulsa a mover el mundo con sus manos callosas y desnudas para dar lo mejor a su familia; esto creo que es más bíblico, más pleno, más de mujer. Y más moderno, lo cual no es malo, porque mucho de lo moderno se ha ganado con siglos de desarrollo, sacrificios y dolor de mártires. Lo moderno no sólo es fruto de la descomposición social, aunque los tele evangelistas digan lo contrario.

Eso sí, defiendo más el hecho de que el hombre comparta las actividades en casa, como comenté a Keila. Lo mejor es que ambos amemos nuestra casa y laboremos en ella tanto como se pueda y en proporciones equitativas. Cierto, ser ama de casa profesionalmente y de tiempo completo no es para todas las mujeres. De hecho, estoy convencido de que es para muy pocas. Ser amantes de casa es obligación de todos, de la pareja por igual. Al fin y al cabo es su derecho decidir, es su libertad, no obligación de nadie. Si ella decide trabajar dentro o fuera de casa, donando su trabajo o recibiendo una paga, que lo haga, pero que estén de acuerdo y felices. Eso es estar casados, eso es diversidad, eso es ayudarse idóneamente.

El mito del cristiano intelectual

 - por Carlos González

Se supone que no debería estar escribiendo esto, porque los intereses eclesiásticos se volcarían contra mí a recordarme, casi como en secuestro express, que el cristiano es un ser espiritual y no carnal. En eso estoy en completo acuerdo, porque es el Espíritu de Dios quien nos vivifica a través del espíritu nuestro.

El problema es que la mente y el alma quedan colgadas regularmente a la mitad de los dos pedazos de persona y allí es dónde entran los expertos a decirnos que ignoremos los pensamientos y llevemos toda idea cautiva a la obediencia en Cristo; entendiendo eso como ignorar las ideas y dejar la imaginación almacenada junto a los pecados indecibles.

Esto me dejó profundas heridas, debo confesar, porque desde niño, lo que más se me notaba, era la imaginación. Ya en la iglesia, cuando llegaba con comics bajo la manga tuve que pasar vergonzosos momentos de cuestionamiento de mi fe. Ya madurito, los cuestionamientos se vertían a mis gustos en la literatura fantástica, el cine de ciencia ficción y las computadoras.

Y es que leer es algo poco recomendable para el cristiano común. ¿Conoces un cristiano que lea mucho? Yo conozco pocos y los que lo hacen sólo leen cosas de tintes realistas, al menos la mayoría de ellos. Novelas que hablan de historia y anécdotas; nada fantástico, nada mágico; eso no les interesa, o les da escalofríos, o quizá no lo entienden, les rebasa y les abruma.

¿Pero a caso el intelecto está limitado sólo a tres géneros literarios? Existen tantas cosas que no se exploran sólo por miedo, y no estoy hablando de ir al dentista. Eso me recuerda a las escuelas públicas, esas que al tener niños con facultades artísticas y expresivas más destacadas los ayudan a no sobresalir porque cuesta más trabajo atenderles. O a las privadas, que por hacerse de unos miles de pesillos más presumen que pueden graduar Einsteins, Dalíes y Newtons en cada generación.

Trayendo mis memorias de dónde las tengo enterradas, veo fresco aún el día en que llegué a la congregación, una mega iglesia que se presumía abierta y poco religiosa, llevando un ejemplar de “hora cero” en mis manos, cosa que casi no hacía. Hora cero fue un evento cataclísmico y épico en la DC comics de los 90s. Fue un error, porque tuve que soportar las risas de amigos y de personas que no comprendían que eso era simplemente cosa de imaginación.

No entiendo por qué muchos no comprenden que, cuando alguien le dice a otro alguien en una canción “te adoro” no lo está diciendo en el mismo sentido que lo decimos en una canción de adoración. Recuerdo que un amigo hace años criticó una publicación de Disney por mencionar la palabra “magia” en varias ocasiones. Yo, por las moscas, mejor no decía nada de lo que pensaba, así pasaba por buen cristiano, ñoño, pero bueno y fiel.

¿Dónde perdimos la cabeza y la sustituimos por una espiritualidad mal entendida? Arte no es sólo la literatura o los cuadros viejos. Arte es el diseño, es la canción de trova, es el repicar de las campanas de un templo colonial en un pueblo de provincia, una película clase B con un monstruo radioactivo o una leyenda de Kung Fu con la actuación de Bruce Lee. Arte es una obra de teatro musical, es un disco pop de los 80′s, es una foto en blanco y negro y una de color; Frank Sinatra y Lady Gaga. Arte es un poema y es un cartel comunista, un platillo de cocina y un spot publicitario creativo.

Y no hay intelectuales cristianos, temo decir, mis frescos y fragantes capullos. No han muerto, simplemente no existen; son un mito, son el chupacabras neotestamentario, el Yeti del monte Ararat. Los intelectuales no cristianos, incluso ateos, que han fallecido recientemente – dentro del arte de la literatura – como Saramago, Monsiváis o Dehesa, son sólo el padrastro de la cutícula en la uña pequeña del dedo más chico de la mano izquierda del arte. Pero artistas cristianos, intelectuales de fe evangélica… no se cuantos halla, pero me temo que son más escasos que un billete de 3 dólares con el rostro de Osama Bin Laden.

Hay lectores, hay algunos escritores – que además siempre dicen las cosas como se dicen para no ofender a las casas editoriales religiosas y así, poder publicar. Hay pintores, siempre apegados al punto de vista teológico. Hay retratadores y usuarios de cámaras fotográficas, pero no hay fotógrafos que sean capaces de tomar algo sucio, algo desordenado, algo humano.

No digo que se haga arte humanista en el sentido anticristiano, ese que pone al humano en el centro del trono, si no que exprese el corazón de la humanidad, lo cual es algo que, en sí mismo, debe adorar a Dios, pues Él ama a su criatura.

¿Dónde quedan aquellos músicos que son capaces de tocar lo que sea y con quien sea, viviendo diferente a otros, pero haciendo arte y que pueden llamarle “arte cristiano” sólo porque lo hacen cristianos? Este es un Blog Cristiano, pero no porque hablemos de evangelio, si no porque hablo de lo que quiero y soy cristiano; y lo que hago, entonces es cristiano también.

No hay, no hay… como decía Hector Suárez. Lo que se quiere es algo clerical, algo plenamente unitemático. Dios y sólo Dios. No digo que sea malo, pero, ¿y el arte? ¿Adora a Dios un humano que sólo usa una tercera parte de su persona y adormece el alma y el cuerpo? ¿No tenemos que adorar a Dios en la trinidad que somos? Entonces no se por qué llamar arte a un desfile de chicas en togas brincoteando con panderos sin cuadratura y sin sentido estético, por ejemplo.

Claro, hay aquellos que adoran al alma y al cuerpo y dejan el espíritu para otros momentos. Es terrible ver al ego en el centro del corazón humano, pero es también espantoso ver la libertad del alma humana creada por Dios atada a los conceptos religiosos, que no a la obediencia en Cristo, si no a los paradigmas humanos acerca de las cosas de Dios.

Me da risa ver a personas que leen mucho apenadas por la pérdida de algunos intelectuales, lamentándose porque ya no quedan grandes mentes; pero no los veo muy comprometidos con amar el arte haciéndolo. Un artista ama el arte, come arte, bebe arte y por lo tanto suda, mea y caga arte. Tanto arte que harta. No es fácil y es cosa de tatuarse la interpretación, quemarla con sello de fuego, hacerse de la expresión algo tan firme como los canales de un DVD. Lo cristiano del asunto es qué decimos y cómo lo decimos… pero más allá de eso, quienes lo decimos.

¿Quién queda que haga arte, ciencia, cultura y libre expresión? Yo levanto mi manita… me vale que la vean o no, esto no es un Reality Show. Nadie me dirá “veo tu mano, Dios te bendiga”, pero aquí estoy, haciendo lo posible por hacer mi caminito a ver si se junta a los caminotes. No me importa no tener diplomas y títulos pegados en la pared, de todos modos, nunca leo esas cosas en los demás, escritores, cinematógrafos y artistas; prefiero leer sus twits, me dicen más que los tapices sellados y firmados que ponen en las paredes.

Un amigo, periodista y artista veracruzano me dijo el viernes que todo es cosa del hombre y sus circunstancias, así que trataré de ser un pirata a partir de hoy, un bucanero, libre y desvergonzado, interesado en decir, arrebatar y hacer lo que tenga que hacer. Cuando me muera veremos, o verán. Ya si nadie ve eso, no importa, al menos fui feliz autoengañado y creyendome artista; pero, si por algún volado del destino, este universo paralelo es ese en que sí logro hacer arte y adorar a Dios con mi todo, tengo que comenzar por hacerlo, hoy.

Extrañando a Germán Dehesa

 - por Carlos González

Estoy seguro y francamente convencido que si Germán Dehesa pudiera leer todo lo que se dice de él ahora mismo, el día de su muerte, se pitorrea de nosotros, con respeto, claro, a su modo pero riendo de nuestros decires. Ahora resulta que tras la muerte de varios escritores e intelectuales mexicanos, la muerte de Germán Dehesa deja un hueco imposible de llenar… no me mal entiendan, nadie podrá ser un Monsivais o un Dehesa, pero ¿tan mal estamos que nadie crecerá en un futuro?

Yo por mi parte, me niego a dejar ir a Germán Dehesa. Lo tengo bien pegadito a mi, como esperando aun que algo se me quede de lo que él tenía. No me interesa ser intelectual o de esos que hablan con un castellano que ni el Quijote usaba, no quiero escribir ensayos infinitamente incomprensibles. La literatura no ha perdido nada, perdónenme. Quienes lo hemos perdido somos nosotros que hacemos de un pasatiempo una aspiración, tratando de escribir, imitando lo que otros hacen bien. Aunque, pensándolo bien, somos jóvenes, aun nos queda mucho por hacer… es nuestra necesidad movernos hacia adelante, ahora que la tristeza nos deja espacio.

Te extrañaré un montón Germán, tú no me conociste, pero yo sí, desde hace mucho y no sabes lo que te debo. Gracias.

Esta es la última columna que escribió para el Diario Reforma, publicada por Es Más y pirateada por mi, acá, sin fines de lucro pero sí de memoria al hombre que mañana, viernes, no podrá decir “hoy toca”.

El corazón y sus figuraciones

Germán Dehesa
25 Ago. 10

Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahi lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad. Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que, el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia. No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCLXXVII (1877)

¿Alguien ha visto a MONTIEL?. Cuando lo pierdo de vista, me viene como el soroche.

Cualquier correspondencia con esta columna llena de figuraciones, favor de dirigirla a dehesagerman@gmail.com (D.R.)

México, creo en ti (Credo) texto original

 - por Carlos González


Para que sepan cual es el Credo a México citado en mi post anterior, lo pego por acá:

¡México, Creo En Ti!…
Por Ricardo López Méndez

México, creo en ti,
Como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
Y sin embargo, ríes demasiado,
A caso porque sabes que la risa
Es la envoltura de un dolor callado.

México, creo en ti,
Sin que te represente en una forma
Porque te llevo dentro, sin que sepa
Lo que tú eres en mí; pero presiento
Que mucho te pareces a mi alma
Que sé que existe pero no la veo.

México, creo en ti,
En el vuelo sutil de tus canciones
Que nacen porque sí, en la plegaria
Que yo aprendí para llamarte Patria,
Algo que es mío en mí como tu sombra
Que se tiende con vida sobre el mapa.

México, creo en ti,
En forma tal, que tienes de mi amada
La promesa y el beso que son míos.
Sin que sepa por qué se me entregaron;
No sé si por ser bueno o por ser malo,
O porque del perdón nazca el milagro.

México, creo en ti,
Sin preocuparme el oro de tu entraña;
Es bastante la vida de tu barro
Que refresca lo claro de las aguas,
En el jarro que llora por los poros,
La opresión de la carne de tu raza.

México, creo en ti,
Porque creyendo te me vuelves ansia
Y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo es por tu cielo,
Si conozco el dolor es por tus lágrimas
Que están en mí aprendiendo a ser lloradas.

México, creo en ti,
En tus cosechas de milagrería
Que sólo son deseo en las palabras.
Te contagias de auroras que te cantas.
¡Y todo el bosque se te vuelve carne!
¡Y todo el hombre se te vuelve selva!

México, creo en ti,
Porque escribes tu nombre con la X
Que algo tiene de cruz y de calvario:
Porque el águila brava de tu escudo
Se divierte jugando a los “volados:
Con la vida y, a veces, con la muerte.

México, creo en ti,
Como creo en los clavos que te sangran:
En las espinas que hay en tu corona,
Y en el mar que te aprieta la cintura
Para que tomes en la forma humana
Hechura de sirena en las espumas.

México, creo en ti,
Porque si no creyera que eres mío
El propio corazón me lo gritara,
Y te arrebataría con mis brazos
A todo intento de volverte ajeno,
¡Sintiendo que a mí mismo me salvaba!

México, creo en ti,
Porque eres el alto de mi marcha
Y el punto de partida de mi impulso
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,
Como la voz que salva
Y como el ancla…!

México (a pesar de todo) creo en ti

 - por Carlos González

Hoy, 1 de septiembre de 2010, en el muro de una amiga en Facebook, vi un comentario por demás esperanzador. De esos comentarios que de manera sencilla muestran una opinión clara acerca de los festejos de independencia. Para los hijos de nuestra amiga y para mucha gente más, sólo es cosa de festejar y creer; sin embargo para mi no, es necesario tener un punto de vista crítico y saber proponer y hacer sin dejarnos desanimar o engañar.

Quizá eché a perder lo optimista de su comentario, pero, a mi modo, creo que me salió un post bastante conmovedor, el cual, pego a continuación:

A nosotros no nos ha llegado aun (una carta del presidente con bandera e himno). Seguramente, cuando llegue la pondremos a la entrada de nuestra casa. Tampoco tenemos apatía para festejar, cada año lo hacemos de maneras especiales y este año seguro lo haremos de un modo especial como los otros.
Sin embargo, gracias a Dios por su diseño único de cada uno de nosotros, sin perder el ánimo por las fiestas, también criticamos, dura, fuerte y severamente a este gobierno y a nuestra sociedad.

Aparte, ofrecemos, planeamos, trabajamos, proponemos, educamos, discutimos, valoramos y apreciamos cada cosa que sucede en nuestro amado país.

El año pasado diseñé este tapiz. Este año diseñé este otro.

Pero además, somos blogeros desde hace 6 años y publicamos en nuestro propio sitio web, poderenlinea.com desde hace 10. Actualmente soy periodista en ejercicio, caricaturista y he trabajado con políticos de todos los niveles en Veracruz.

Puedo decir qué trampas hace el gobierno federal, cuales los niveles de gobierno de mi estado, he visto periodistas esconderse por el peligro de sus vidas y conozco hermanos que se matan y persiguen por un puesto. He visto pastores vender a su iglesia por un cargo público para ellos.

Acción es denunciar estas cosas, por eso soy periodista. Acción es enviar ayuda a los lugares con desastres naturales y exigir buen uso de los recursos públicos. Sí necesitamos crítica, necesitamos conocer y enseñar a nuestros hijos cómo funciona la política y economía de este país, donde se mata al periodista y se promueve al empresario financiado con dinero del narco.

Y claro, hay que festejar. No todos estamos expuestos a estas cosas, no todos las vemos y algunos ven más que otros. También existe el empleado que entra y sale de su casa sin importarle lo que sucede y sin enterarse de lo que pasa, cobrando su quincena, viendo telenovelas, ahorrando y llendo a la iglesia; el estudiante que aspira a tener cada vez más grados de estudio, el niño que va a estudiar y sueña con llevar la bandera.

La inocencia es una cubierta. Una coraza. Un huevo que, cuando se rompe, nos hace nacer a un mundo contra el que hay que luchar: para ser aceptados, para aprender a aceptar, para conocer y para ignorar.

Yo creo en México, como canta el credo de “El Vate” Ricardo López Mendez, pero no creo en sus gobiernos, no creo en la esperanza de las elecciones, no creo en los mareos de las fiestas y los logros temporales en cosas irrelevantes como el futbol y cosas similares.

Creo en Diego, en Frida, en Orozco y en Siqueiros. Creo en Paz, en Monsivais, en Sabines y en Emilio Carvallido. Creo en Gabriel Vargas y su “Familia Burrón”, en Yolanda Vargas y sus “lágrimas y risas”, en Chava Flores y su Gato Viudo en un Sábado en el Distrito Federal. Creo en las deportistas en sillas de ruedas, en las amas de casa golpeadas, en las muertas de Juárez, en los evangélicos muertos en Chiapas y en los periodistas desaparecidos.

La gente dice que estoy amargado. No me lo dicen cuando estoy en una fiesta “haciendo el ridículo”, no me lo dijeron cuando me disfrasé de Diego Rivera o cuando canto en una iglesia, ni cuando tomo fotos graciosas que hacen a otros reír. Me lo dicen cuando mi conciencia brota en medio de los “panchos” y las “maromas” de nuestro gobierno por decirnos que vamos bien cuando vamos mal.

Sin embargo festejo y hago tapices, pongo banderas y daremos el grito porque somos mexicanos, porque podemos, porque valemos la pena. Y digo todo esto porque creo en México y en las garantías de nuestra libertad.

Una ayuda para este pobre bloguero por favor

 - por Carlos González

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