El mito del cristiano intelectual
- por Carlos González
Se supone que no debería estar escribiendo esto, porque los intereses eclesiásticos se volcarían contra mí a recordarme, casi como en secuestro express, que el cristiano es un ser espiritual y no carnal. En eso estoy en completo acuerdo, porque es el Espíritu de Dios quien nos vivifica a través del espíritu nuestro.
El problema es que la mente y el alma quedan colgadas regularmente a la mitad de los dos pedazos de persona y allí es dónde entran los expertos a decirnos que ignoremos los pensamientos y llevemos toda idea cautiva a la obediencia en Cristo; entendiendo eso como ignorar las ideas y dejar la imaginación almacenada junto a los pecados indecibles.
Esto me dejó profundas heridas, debo confesar, porque desde niño, lo que más se me notaba, era la imaginación. Ya en la iglesia, cuando llegaba con comics bajo la manga tuve que pasar vergonzosos momentos de cuestionamiento de mi fe. Ya madurito, los cuestionamientos se vertían a mis gustos en la literatura fantástica, el cine de ciencia ficción y las computadoras.
Y es que leer es algo poco recomendable para el cristiano común. ¿Conoces un cristiano que lea mucho? Yo conozco pocos y los que lo hacen sólo leen cosas de tintes realistas, al menos la mayoría de ellos. Novelas que hablan de historia y anécdotas; nada fantástico, nada mágico; eso no les interesa, o les da escalofríos, o quizá no lo entienden, les rebasa y les abruma.
¿Pero a caso el intelecto está limitado sólo a tres géneros literarios? Existen tantas cosas que no se exploran sólo por miedo, y no estoy hablando de ir al dentista. Eso me recuerda a las escuelas públicas, esas que al tener niños con facultades artísticas y expresivas más destacadas los ayudan a no sobresalir porque cuesta más trabajo atenderles. O a las privadas, que por hacerse de unos miles de pesillos más presumen que pueden graduar Einsteins, Dalíes y Newtons en cada generación.
Trayendo mis memorias de dónde las tengo enterradas, veo fresco aún el día en que llegué a la congregación, una mega iglesia que se presumía abierta y poco religiosa, llevando un ejemplar de “hora cero” en mis manos, cosa que casi no hacía. Hora cero fue un evento cataclísmico y épico en la DC comics de los 90s. Fue un error, porque tuve que soportar las risas de amigos y de personas que no comprendían que eso era simplemente cosa de imaginación.
No entiendo por qué muchos no comprenden que, cuando alguien le dice a otro alguien en una canción “te adoro” no lo está diciendo en el mismo sentido que lo decimos en una canción de adoración. Recuerdo que un amigo hace años criticó una publicación de Disney por mencionar la palabra “magia” en varias ocasiones. Yo, por las moscas, mejor no decía nada de lo que pensaba, así pasaba por buen cristiano, ñoño, pero bueno y fiel.
¿Dónde perdimos la cabeza y la sustituimos por una espiritualidad mal entendida? Arte no es sólo la literatura o los cuadros viejos. Arte es el diseño, es la canción de trova, es el repicar de las campanas de un templo colonial en un pueblo de provincia, una película clase B con un monstruo radioactivo o una leyenda de Kung Fu con la actuación de Bruce Lee. Arte es una obra de teatro musical, es un disco pop de los 80′s, es una foto en blanco y negro y una de color; Frank Sinatra y Lady Gaga. Arte es un poema y es un cartel comunista, un platillo de cocina y un spot publicitario creativo.
Y no hay intelectuales cristianos, temo decir, mis frescos y fragantes capullos. No han muerto, simplemente no existen; son un mito, son el chupacabras neotestamentario, el Yeti del monte Ararat. Los intelectuales no cristianos, incluso ateos, que han fallecido recientemente – dentro del arte de la literatura – como Saramago, Monsiváis o Dehesa, son sólo el padrastro de la cutícula en la uña pequeña del dedo más chico de la mano izquierda del arte. Pero artistas cristianos, intelectuales de fe evangélica… no se cuantos halla, pero me temo que son más escasos que un billete de 3 dólares con el rostro de Osama Bin Laden.
Hay lectores, hay algunos escritores – que además siempre dicen las cosas como se dicen para no ofender a las casas editoriales religiosas y así, poder publicar. Hay pintores, siempre apegados al punto de vista teológico. Hay retratadores y usuarios de cámaras fotográficas, pero no hay fotógrafos que sean capaces de tomar algo sucio, algo desordenado, algo humano.
No digo que se haga arte humanista en el sentido anticristiano, ese que pone al humano en el centro del trono, si no que exprese el corazón de la humanidad, lo cual es algo que, en sí mismo, debe adorar a Dios, pues Él ama a su criatura.
¿Dónde quedan aquellos músicos que son capaces de tocar lo que sea y con quien sea, viviendo diferente a otros, pero haciendo arte y que pueden llamarle “arte cristiano” sólo porque lo hacen cristianos? Este es un Blog Cristiano, pero no porque hablemos de evangelio, si no porque hablo de lo que quiero y soy cristiano; y lo que hago, entonces es cristiano también.
No hay, no hay… como decía Hector Suárez. Lo que se quiere es algo clerical, algo plenamente unitemático. Dios y sólo Dios. No digo que sea malo, pero, ¿y el arte? ¿Adora a Dios un humano que sólo usa una tercera parte de su persona y adormece el alma y el cuerpo? ¿No tenemos que adorar a Dios en la trinidad que somos? Entonces no se por qué llamar arte a un desfile de chicas en togas brincoteando con panderos sin cuadratura y sin sentido estético, por ejemplo.
Claro, hay aquellos que adoran al alma y al cuerpo y dejan el espíritu para otros momentos. Es terrible ver al ego en el centro del corazón humano, pero es también espantoso ver la libertad del alma humana creada por Dios atada a los conceptos religiosos, que no a la obediencia en Cristo, si no a los paradigmas humanos acerca de las cosas de Dios.
Me da risa ver a personas que leen mucho apenadas por la pérdida de algunos intelectuales, lamentándose porque ya no quedan grandes mentes; pero no los veo muy comprometidos con amar el arte haciéndolo. Un artista ama el arte, come arte, bebe arte y por lo tanto suda, mea y caga arte. Tanto arte que harta. No es fácil y es cosa de tatuarse la interpretación, quemarla con sello de fuego, hacerse de la expresión algo tan firme como los canales de un DVD. Lo cristiano del asunto es qué decimos y cómo lo decimos… pero más allá de eso, quienes lo decimos.
¿Quién queda que haga arte, ciencia, cultura y libre expresión? Yo levanto mi manita… me vale que la vean o no, esto no es un Reality Show. Nadie me dirá “veo tu mano, Dios te bendiga”, pero aquí estoy, haciendo lo posible por hacer mi caminito a ver si se junta a los caminotes. No me importa no tener diplomas y títulos pegados en la pared, de todos modos, nunca leo esas cosas en los demás, escritores, cinematógrafos y artistas; prefiero leer sus twits, me dicen más que los tapices sellados y firmados que ponen en las paredes.
Un amigo, periodista y artista veracruzano me dijo el viernes que todo es cosa del hombre y sus circunstancias, así que trataré de ser un pirata a partir de hoy, un bucanero, libre y desvergonzado, interesado en decir, arrebatar y hacer lo que tenga que hacer. Cuando me muera veremos, o verán. Ya si nadie ve eso, no importa, al menos fui feliz autoengañado y creyendome artista; pero, si por algún volado del destino, este universo paralelo es ese en que sí logro hacer arte y adorar a Dios con mi todo, tengo que comenzar por hacerlo, hoy.



