Victor Richrds se casa de nuevo ¿y qué?

 - by Carlos González

Es cosa de escándalo, de “reflexión” y desasosiego para muchos cristianos que consideran inmoral, inapropiado y falso de parte de un pastor casarse pocos meses después de la muerte de su esposa. No sólo su esposa, si no su compañera y brazo fuerte en la evangelización de México. Ultimadamente, a mi, ni me invitaron a la boda. La “escandalosa” boda de Victor Richards.


Cuando Gloria Richards murió, miles de personas se dolieron por la pérdida de la mujer que ha escrito, predicado y enseñado cientos de mensajes por décadas. Desde luego, debe haber sido difícil para su esposo, hijos y familiares. No dudo que sea cosa pesada el sobrellevar la muerte de alguien tan cercano.

Sin embargo, la muerte de una persona es lo menos importante para lo que se quiera contemplar o considerar. Es decir, a nadie le importa en sí la meta (la banderita de cuadritos en la llegada, el vino espumoso y las serpentinas), si no el premio y la manera de llegar allá.

Cuando Roberto Madrazo hizo trampa en la maratón de Berlín, no pensó, codició, el premio y la “gloria” del triunfador. Sin embargo hizo historia con la manera en que llegó. Como si fuera caricatura de los setentas, “tomó un atajo” y sin sudar apareció a tiempo para cruzar la meta en primer lugar.

De igual manera, ¿es la muerte lo importante? ¿Acaso el chiste de toda la vida es morirnos? No. La gracia de la vida es cómo vivimos y después a dónde vamos y qué premio recibimos.

Siendo así, es completamente entendible la perspectiva de Cristo acerca de las cosas que pasan al morir las personas, como lo que ha de suceder con sus cónyuges y las posesiones y el cuerpo mismo. Es decir, el cuerpo, si bien es cosa de gran estima y cuidado en nuestra vida, es sólo un recipiente que se vacía y las cosas que poseemos no son nada.

Lo contradictorio de todo, según yo pienso, aclaro, es que a la gente le preocupa mucho “la obra” de quien muere, su herencia cultural o su trascendencia. Desde luego que eso es importante, pero al fin y al cabo no es en sí la persona, pues al morir, el alma y el espíritu vuelven a Dios y si lo merecen por gracia, entran al gozo de nuestro Señor.

Entonces, no importa si cuando muero logré la paz en el mundo, la cura del cancer o la suspensión del calentamiento global. Quizá mucha gente me ame por ello, pero lo que aman es mi recuerdo y con lo que se quedan es con las consecuencias de mis actos. No con mi persona.

Por eso me parece ridículo que la comunidad cristiana se levante para declarar en medios radiales su inconformidad por el matrimonio de un lider como lo es Victor Richards e incluso le aconsejen “retirarse del ministerio”. ¿Por qué? ¿Porque no esperó más de un par de meses para enamorarse de otra mujer? ¿Porque se casó con ella a los 5 meses de deshacerse del cuerpo de la que fue su esposa y que por cierto no lo es ya, ni lo será en la eternidad? ¿Es pecado casarse porque se ha llegado al fin del ciclo reproductivo y sólo se busca la compañía, bendición y -de ser posible aun- el placer conyugal?

No. Lo que creo, y esto sí que nos atañe a todos, es que muchos están enamorados de un recuerdo y de una obra; no de una persona y eso hace que se crean con la capacidad de decidir por otros; criticar y chismear es la solución pronta del ignorante y la diversión del tonto. ¡No caigamos en ello si no somos uno de ellos! Lo que debemos hacer cada uno de nosotros es dejarnos de meter en lo que no es nuestro y preocuparnos de nuestra propia carrera. ¿Cómo corremos y qué premio obtendremos? Eso sí es trascendental y eterno.

De nada sirve juntar versículos que invaliden una decisión que ni es nuestra ni lo será y menos hablar de la decepción que sufrirán los lectores y escuchas de la herencia de los Richards, porque ellos son responsables de madurar y entender que en nada se falta si uno decide casarse con otro a los tres días de muerta su pareja. ¿Por qué estar triste de la muerte si esta ya no tiene victoria en nosotros? ¿Quedaremos solos para velar un recuerdo que es más útil puesto en práctica?

Un hombre o una mujer necesitan ayuda humana y eso implica muchas veces matrimonio. ¿Por qué no casarse entonces? Malo es esperar la muerte del cónyuge para “ser libre”… pero el “aplicar” este argumento al caso de este artículo nos lleva a pensar en chisme y rumor, así que seamos sanos y olvidemos.

Lo más lamentable, es que ahora la palabra “escándalo” se una a la palabra “iglesia” y de eso sólo tienen la culpa los que consumen ese escarnio, no los personajes que están dentro.

Por cierto, si muero antes de lo esperado, realmente deseo que mi esposa encuentre un gamer, músico y guapo marido que la ayude a vivir una vida más fructífera. Se que ella espera lo mismo para mi, de cualquier modo, estamos tan enamorados que lo más importante de momento es vivir uno al lado del otro.

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