Generación antiniños
- by Carlos González
Pasé de rápido por el blog de Karen Durán o Triple, a quien conozco desde que ella tenía 14 años y yo era un inadaptado de 16 sin remedio ni cordura (ahora sólo me falta la cordura) y me encontré con una interesante observación y estadísticas, que me gustaría complementar. Léanlo si quieren tener el trasfondo completo. Siempre siento que nos falta -a todos – autoridad suficiente para hablar de los hijos, yo que tengo casi 20 años de trabajo con niños y reto con bastante regularidad las opiniones de Dobson (como buen adolescente ministerial) me siento medio inutil a veces incluso. Nadie es experto en ello y sólo me limito a hacerlo cuando me toca en radio, periódico o conferencias… casi no lo hago en blogs desde que quitamos el blog de Guíame, mismo que en su tiempo restauraremos según el plan que tenemos proyectado, después del lanzamiento de [+1] uno positivo.
Pego tal cual lo que publiqué como comentario en su blog y lo podrás leer después del salto:
Chispas, a ver si no hago ruido, pero he estado dándole vueltas a esto, desde mucho antes de leer este post. Parece que repito, pero no.
Pienso: Esta es la generación antiniños.
Se les enseña a los niños miles de cosas que no se les debe de enseñar y no se les enseña lo que sí deben de aprender.
No se les enseña a pasar por pobreza, se les dice que es una cosa que Dios no permite y que es mala. No se les enseña a recibir negativas, no se les enseña a correr riesgos. Se les enseña el impecable orden, la imperdonable falla, la absoluta responsabilidad.
No se les enseña a que a veces, incluso seguido no es tan malo dejar huellas de lodo sobre algo que se llame Carolina Herrera, que matrimonio es perdonar tanto como ser perdonado y no sólo momentos de gozo y regocijo sin fin.
Se les enseña seguridad, se les enseña absoluto control y se disfraza de amor y protección. Se les da lo que no tuvimos y lo que nuestros padres se esforzaron por darnos.
No se les enseña a conformarse con lo que todos tienen cuando podemos darles lo que queremos darles porque creemos que es lo mejor.
Se les enseña a que ellos cambiarán el mundo pero no los enseñamos a cambiar ellos.
No se enseña balance, ni libertad medida, ni responsabilidad insofocante.
Buscamos becas, no para pagar menos, si no para que se esfuercen más. Buscamos actividades extracurriculares para que explote sus miles de talentos y no estén ociosos. Les enseñamos a escribir desde los 3 años, aunque en otros casos digamos que es incorrecto y decimos que es porque los nuestros son especiales y ya querían hacerlo, natación desde el parto ¿si puedes pagarlo porqué no si es lo ideal?, computación e idiomas y todo ello porque nos sorprende su capacidad de absorber lo que esté a su alcance. Eso o cosas parecidas.
Se les enseña que “Dragon Ball” es malo porque se usa violencia pero vemos deportes violentos como toros, foot ball americano o box y los compartimos con ellos. Se enseña tolerancia con palabras intolerantes y congruencia con hechos incongruentes.
Nos olvidamos de que al fin y al cabo, no es el más preparado, ni el que habla más idiomas, ni el que va a la mejor escuela, ni el más adaptado, ni el que inició antes quien tiene éxito en la vida.
Las niñas bonitas de la prepa a veces terminan de edecanes vendiendo celulares. Los niños monos de la secundaria terminan a veces como taxistas. No es que sea malo, es que no era lo que se esperaba. El mundo es controlado por los nerds que los populares golpeaban a la salida mientras los que abusan de su fuerza, son despedidos por insuficientes.
Ese es el mundo cuando ellos crecen.
Steve Jobs no terminó la escuela, Bill Gates se acaba de graduar hace poco, la empresa más poderosa del mundo actual es conducida por dos egresados de universidad que iniciaron su negocio con una computadora armada con legos en el dormitorio de su universidad pública.
Todos quieren un iPod, todos usan Windows, todos usamos Google. Liderazgo, es influencia.
Es decir, todos nos emparejamos y al final, es la seguridad, la creatividad, la capacidad de seguir riesgos, oponerse a lo establecido y la capacidad de romper lo armónico lo que se convierte en éxito. Al final, los que siguen siendo niños a sus 25 o 40 años son los que contratan y despiden a los que se esfuerzan desde pequeños con una infancia vivida por los padres o planeada desde los recuerdos de nuestras propias memorias.
Después de muchos años de dedicarme a los niños, radio, presnsa, blogs y conferencias puedo decir que vivimos en una generación antiniños.
¿Cómo no van a tener miedo a los asaltos si somos asaltables? ¿Cómo no tendrán miedo a los imprevistos si nos preocupamos de más?
Si todos fuéramos más como Tom Sawyer y menos como Becky, si pudiéramos vivir bajo un árbol, pescando y resolviendo lo importante, como Huckleberry Finn, mientras viene y planeamos con un conocimiento real de la existencia palpable en lugar de seguir los planes de nuestros padres. Si pudiera pasar eso con nuestros hijos… wow, crecerían, madurarían pero seguirían siendo niños, sin miedo a los riesgos, a la muerte, a perecer en el intento.
Dios libre a nuestros hijos de ser como nosotros, aunque se parecen tanto.
No se trata de crear anárquicos seres de extrema izquierda, opuestos a todo lo establecido, si no personas seguras, que reten todo y comprueben su liderazgo por ellos mismos.
Me gustó tanto la catarsis que la voy a postear ahora mismo en PoderEnLínea.com.
Gracias a Dios por los blogs, ese es el poder de la conversación global.
Saludos y perdón por el ruido.