Educando con peligro
- by Carlos González
Este post está guardado desde el 15 de febrero de 2008 a las 3:13, cercano a cuando leí este post en microsiervos y creo que ya es hora de sacarlo. No es fácil y requiero muchos detalles para algo así. Entrando en materia: Tengo una hija bastante latosa. Es una persona bastante complicada y no me pesa ni avergüenza decirlo y no hablo mucho de ella porque hace tiempo aprendí a mantener a mi familia lejos de mi vida pública y blogueril. Sin embargo, autores como Germán Dehesa crean un estilo particular de hablar de su familia, estilo retomado por mi esposa Akire hace años, quien usa apodos para referirse a nosotros, no por anonimato, si no para poder referenciar de manera práctica y elegante a los suyos.
El hecho es que nunca hablo de mi hija, no porque no me enorgullezca de ella, si no porque es mi hija, es incomprensible por los demás (incluso por nosotros) y porque antes que nada, ministerialmente hablando, soy educador, pastor de niños y mi ejemplo personal es secundario frente a las metas óptimas de desarrollo y educación infantil que propongo y transmito. Sin embargo, al compartir, predicar, hablar por radio o dar conferencias a cerca de la educación infantil o desarrollo familiar, mi hija suele salir a colación por alguna razón.
En la última predicación que pude dar en mi iglesia, Renuevo, hablé, como aquí hago ahora, de lo latosa que es. Es una gran dificultad hacer que trabaje en la escuela al ritmo de la maestra; y eso es porque ella va a un ritmo diferente. Incluso su propia maestra lo reconoce, es su orgullo en lo académico, porque va adelantada en todo, pero confiesa que no sabe cómo tratar con ella.
Perdón por la sinceridad, no lo digo por orgullo paterno, es el trasfondo de lo que comparto a continuación. Todos los que conocen a mi hija y a mi saben realmente cual es la dinámica de nuestra relación. Continúo.
Desde que nació le hemos permitido tomar decisiones. Siendo bebé le preguntábamos “¿quieres el azul o el rojo?” y ella decidía por lo que quería, claro que no entendía que mugres son azul o rojo, pero queríamos que se acostumbrara a que es su desición la que determina las cosas. Le hemos dejado equivocarse día a día y hemos creado un monstruo. No quiero decir que nos hallamos equivocado, de ninguna manera; más bien trato de señalar que hemos cometido el error que muchos padres antiguos y modernos tratan de evitar: el de hacer o dejar pensar a sus hijos por sí mismos.
Consecuencias. A eso se reduce el modelo de educación que hemos escogido. Si prendes la TV, entonces podrás verla; si sirves leche, alguien deberá beberla; si dejas tus cosas desarregladas, alguien podría sufrir un accidente, lastimarse o romper algo que esté fuera de su lugar.
El problema, repito, es que de este modo nuestra pequeña hija, vive y piensa en otra frecuencia. No estoy diciendo que sea más inteligente que otros niños; Dios tenga misericordia. Lo que trato de decir es que su visión es completamente distinta y no tiene lugar en una sociedad preparada sólo para seguir instrucciones y aun para pensar sólo en los términos de lo que cierto sector de la sociedad fija como aceptable; aprendiendo con ello a ser intolerante y farisáica.
Como no quiero tener una hija ultraderechista que considere peligro a todo lo que rompa el orden y tampoco quiero desarrollar un pensamiento pseudorevolucionario de extrema izquierda en su tierna mente, espero que ella observe, analice y descubra las consecuencias latentes dentro de su entorno y posteriores a sus decisiones.
Desde luego que marcamos fuertes límites, y bastantes, pero ella busca con toda regularidad y prestancia la manera de saltárselos. Esto desde luego es un problema en la escuela, donde hay tiempos para todo, donde se siguen detalladas órdenes, precisas y puntuales y el mejor alumno es el que las sigue antes que los demás y mejor. Zabdi es una Hacker.
La meta es enseñarle a armonizar con la comunidad, siendo útil y servicial a todos, pero al mismo tiempo retando a cada límite para hallar fronteras nuevas o libertades más claras. Sólo que es una niña de 5 años y aun tiene que madurar en todo ello y ganar responsabilidad, mientras sus maestras se vuelven locas tratando de averiguar por qué no es una niña normal, aunque parece que ya van comprendiendo, aunque casi se acaba el ciclo escolar y entra a primaria. Pública, desde luego. Faltaba más.
¿Qué me hace pensar que estamos en lo correcto? Cosas como esta. Gever Tulley, fundador de Tinkering School está desarrollando un modelo educativo en base a la experimentación. No, no hablo de lo que hacen esas carísimas escuelas modernas que dejan a los niños escoger horarios para cada cosa y luego les “motivan” (inducen) a hacer cosas “más avanzadas” que las escuelas públicas al mismo grado escolar para orgullo de los padres que buscan que sus hijos sean los próximos premios Nóbeles y líderes de la vasta chusma de las escuelas de gobierno.
Gever Tylley explica, tal como Microsiervos detalla, que existen 6 cosas (realmente 5, necesitan ver el video -en inglés- para entenderlo) necesarias para eliminar la tendencia de sobre protección que rodea a nuestros hijos, misma que sólo logra seres dependientes, aunque super informados, y temerosos de los riesgos e iniciativas aventuradas.
La palabra “Tinkering” no es fácil de traducir. Puede significar “trampa” u “ocupación vana”, pero la traducción más aceptada es “Experimentador” o “Adaptador”.
Estas 5 (6) cosas son:
- Jugar con fuego
- Poseer una navaja suiza
- Arrojar una lanza
- Desmontar aparatos
- Infringir la DCMA y otras leyes y regulaciones sobre derechos de autor y “propiedades digitales”
- Conducir un coche
¡Pero si es un hato de calamidades! ¿Qué va a hacer mi nene de 8 años jugando con fuego? Pues desafiar a una de las fuerzas naturales más temibles o útiles del universo conocido, domarla y entenderla… casi nada. Descubrir que podría acabar con su mundo en un descuido o su vida. Padres, no lean así con esos ojos, que se pueden salir de sus cuencas. Usen ustedes sus hábiles y seguras manos para ayudarles a este reto.
Básicamente, si logramos entender, esto permite a los niños desarrollar habilidades naturales que de otro modo no se ganan. El mundo de nuestros niños puede ser muy seguro, pero los riesgos nunca han sido seguros y el que “no arriesga, no gana”.
Eso de infringir leyes es simple. Algunas leyes son ridículas y obsoletas, como las de derechos de autor y copywrong, perdón, copyright. Según el ejemplo que se lee en Microsiervos, deduzcan: ¿Por qué es crimen pasar una canción en mp3 por correo? ¿Qué se necesita para que este “crimen” sea descubierto? Desde luego que alguna autoridad te espíe ilegalmente. ¿Entonces? Me don´t entender! ¿No se trata de evitar crímenes? La idea de esto es “sigue las reglas, pero analízalas y de ser posible ajústalas“.
Claro que sobre la marcha el niño no entenderá a la primera que el chiste no es llevar la contra a lo tonto si no analizar las debilidades del sistema y asegurarse una posición creativa para ajustarlo. Es un hecho que el sistema en general no funciona. ¿Cómo sobreviviremos si el sistema se resquebraja? ¿Cómo se formarán nuevos modelos sin pensadores creativos que rompan con lo que se espera de ellos?
Volviendo por última ocasión a mi hija, recuerdo que la semana en que inicié a escribir este post, al ir a hacer la preinscripción a la primaria, la Directora nos dijo que una madre no quiso inscribir a su pequeñuelo por que tienen un barranco a un lado. ¡Eliminemos todo riesgo! ¡Hagamos personas dependientes! El barranco es feo y seguro peligroso, pero los niños deben de entenderlo para superarlo.
No padres y maestros, no se equivoquen. La única manera de evitar hijos tiranos no es sólo no sirviendo a nuestros hijos o no dudando de nosotros. La única manera de evitar hijos tiranos y fracasados es dejarlos caminar solos lo suficientemente lejos para que se equivoquen y les duela, pero lo bastante cerca para que les ayudemos cuando realmente hace falta. No se trata de cuidar hasta el último detalle de la vida y hacer cada momento una hora feliz, se trata de vivir siempre con riesgo y saber confortar y ayudar a nuestros aprendices de hakers, que al fin y al cabo, son los que dan trabajo a los egresados de las escuelas más caras. Pregúntenle a Steve Jobs y a Bill Gates.