Erick, gracias

 - by Carlos González

Cuando mis impulsos estaban completamente desatados durante mi juventud, se me ocurrió acercarme con quejas al líder de jóvenes recién colocado por el director (pastor) del grupo (Amistad Cristiana A.C.). Él me dio cita, me tuvo paciencia, me escuchó y no sólo eso; todas mis tonterías no tuvieron de su parte una sola crítica. Durante muchos años cuidó de todo el grupo de jóvenes junto con su esposa Gloria. Se sobrepusieron a la muerte inexplicable de sus dos hijas; en el caso de la segunda de ellas, después de sepultarle, asistieron a un congreso con nosotros que estuvimos planeando por meses.

Erick confió en mi esposa, confió en mi y aunque nunca intimamos demasiado me enseñó muchísimo. Nos acompañó oficiando en nuestra boda y dirigió a mi padre ese día a buscar la misericordia de Cristo.

Viviendo en un país nuevo, sacrificó su tiempo y su carrera para sostener a su familia y se dedicó a complementar sus estudios adquiridos en México para poder ser piloto en Estados Unidos. Ayer voló por fin, pero con alas distintas.

Erick, que respaldó el ministerio de su esposa a pesar de críticas y ridículas acusaciones de “mandilonería”, el pastor que supo sacrificar toda ganancia personal con tal de apoyar a cualquiera de sus jóvenes, que peleó batallas indecibles descansa hoy en los brazos más fuertes, cariñosos y grandes: los brazos de Dios.

No quiero entrar en detalles. Se que está bien, que su destino es el mismo que el mio y que ahora está en el gozo de nuestro Señor. Yo me siento un poco huérfano, triste, pero satisfecho y feliz de haberlo conocido.

Me doy cuenta de que soy más como él de lo que pensé algún día ser. Nunca pensé extrañarlo, pero aunque llevaba años de no verlo, lo extraño.

Gloria, si lees esto, debo decir que no puedo decir nada. Sabes cómo lidiar con esto, sabes que el fruto es infinitamente grande, sabes que Dios te hace fuerte. Sabes que tus más de 800 hijos (y nietos) estamos contigo.

Gracias Erick, muchas gracias.

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