Voto en blanco: un engaño, un desperdicio

 - by Carlos González

Dejando de lado el mal ejercicio económico en 6 años de foxismo y dos de calderonismo, los tejes y manejes durante la epidemia de influenza, la legalización en la portación de drogas, el debate acerca del aborto, los exagerados gastos en campañas políticas, la guerra sucia en internet, los amigos de Fox, los hijos de Martha, la muerte de Mouriño, las quiebras, el alza del dolar, la baja del petróleo, el aumento de la canasta básica, la falla del blindaje económico, las muertas de Juárez, la Discoteca News Divine, la muerte de Colosio, la de Paco Stanley, la del Cardenal Pozadas, las de Acteal, los levantamientos armados, el terrorismo en Michoacán y muchas otras cosas que a algunos mexicanos no se nos olvidan por más “academias”, “bailes por un sueño” o cortinas de humo se formen, el tema en voga ahora que vienen las elecciones medias en México es: el voto en blanco.


¿Votar o no votar? He allí el dilema. Primero que nada, ¿por qué he de votar si el sistema político nos ha traicionado? Este es el primer error. La traición no proviene del sistema, si no de quienes lo tienen en sus manos. Más aun ¿traición? ¿Existe traición? Yo no lo creo. La política es una maquinaria que debe funcionar para que un país, sea cual sea, marche sobre ruedas (cuadradas o redondas, ya es esa otra cuestión).

En las elecciones del 2000 se estrenó un partido en la presidencia, el Partido Acción Nacional, con lo que el Partido Revolucionario Institucional aterrizó por fin en la realidad de que no se podía controlar más a la gente. Había que dejar paso a la libre elección… más o menos. Fox anunció como promesas de campaña que acabaría con la corrupción ya que, por lógica, si el PRI era corrupción, al sacarlo de Los Pinos debería terminar la etapa de clientelismos y beneficios personales a costa de gastos públicos, pero no fue así. Se cobraron facturas de campaña y se hicieron encarcelamientos sonoros, pero nada de verdadera acción contra la corrupción. Fox prometió la paz en Chiapas, no lo logró. Prometió el control del dolar, no lo hizo. Dijo que crearía empléos y los cerró. Nos vendió un cambio que debió iniciar, porque los cambios tardan, es cierto, pero lejos de iniciar el cambio lo que arrancó fue un imperio en manos diferentes.

La gente miró hacia la izquierda, Andrés Manuel López Obrador vendió la ilusión de que en sus manos México haría frente a “los gringos”, defendería el petróleo, la electricidad y el gasto social; prometió pagar un extra a los sueldos de todos los mexicanos, nos ofreció un mundo feliz para todos, pero sus fanáticos y seguidores marchaban con machetes y pidiendo un triunfo obligado a cambio de no iniciar una revolución armada. AMLO, que no sabe hablar inglés, ni usar computadoras, que negó su confesión evangélica para quedar bien ante católicos y que se dejó crecer usando su desafuero (teatro político armado por Fox) perdió su acenso al dejar su espacio vacío en un debate que le llevó la diferencia a Calderón, el panista. Aparentemente con ayuda de Hildebrando, compañia relacionada con Calderón, el PAN gestó un fraude que dividió al país en dos bandos. Calderón y el Peje, FeCal y AMLO.

El PRI se mantuvo aprendiendo a ser oposición, gobernando aun la mayoría del país desde gobernaturas, presidencias municipales y mayorías relativas en el congreso. Los dinosaurios sin trabajo comenzaron a buscar chamba en donde la hubiera, aunque tuvieran que quitarse la piel tricolor y vestirse de pitufos.

En este proceso han habido cambios en las fuerzas políticas. AMLO destruyó en su lucha, como autonombrado “presidente legítimo”, a su partido, el PRD, que trístemente dejó de ser la cuna de la izquierda inteligente y reformadora en México para convertirlo en un lavadero donde el robo de votos es mayor que en un municipio de provincia en el México de los 70s. AMLO ahora va por otros partidos y reta los estatutos del PRD. Calderón ha usado los recursos del país para blindar a su partido con el objetivo de mantenerse en el poder, práctica que el PAN criticaba antaño y ahora ejerce con singular habilidad. El PRI se ha mantenido aprendiendo y luchando por recuperar la confianza perdida y sostener a sus miembros fieles, soportando los cuestionables casos de corrupción como los que saltan a la vista en Puebla, por ejemplo.

Los partidos pequeños, van desapareciendo. No hay más.

Este clima harta a la población que ahora, dice quejarse promoviendo que en las elecciones siguientes del 5 de julio, vayamos a votar, pero sin elegir. Nos piden que tachemos toda la boleta, o tachemos todas las opciones, o que se raye por completo, se proponga a otra persona o se escriba alguna frase… que se anule el voto, vaya.

A esto le llaman “voto en blanco”. Sin embargo… ¿Servirá esto para algo?

Primero que nada. Entendamos que en México, las elecciones no serán frenadas por ausentismo. Los resultados serán válidos así sólo vote el 10% del padrón.

Segundo. Los votos que se anulen serán contados como eso. De nada servirá expresarse en la boleta, rayarlos o anularlos. Punto, sólo se aumentará el número de votos nulos.

Tercero. Aun si el número de votos nulos supera el de votos útiles, ninguna de las propuestas que se relacionan con este “voto en blanco” podrá ser tomada en cuenta de manera real, porque no existe institución que de seguimiento a ello, no hay razón para creer que todo el voto nulo está detrás de los mismos fines.

Cuarto. El que vota nulo deberá cumplir las normas impuestas por quienes sean elegidos gracias a los pocos votos que se reciban. No se escapan de que quede un mal político por allí gobernando o legislando en su distrito… ojo, aquí no cuenta eso de “yo no voté por ella, la mujer que tú me diste es la culpable”.

Quinto: Se que parece conspiración, pero yo creo que precisamente porque ahora nadie habla de ningún fallo en el gobierno, si no del “voto en blanco”, es posible que esto se pueda tomar como cortina de humo. Si lo notan, muchos de los promotores del voto blanco son políticos sin trabajo que no recibieron cargos de elección popular. Al inicio de este post muestro un vídeo con una interesante idea. ¿Realmente el voto en Blanco es promovido por intelectuales o es una idea del gobierno federal que le beneficiará en corto plazo?

Sin acusaciones. Yo voy a ir a votar, como siempre. Seleccionaré junto con mi conciencia, a solas, el color y el nombre del candidato que a mi parecer sea el correcto. Punto. No regalaré mi voto a un representante de casilla comprado, o a un Hildelbrando, o a algún corrupto de esos que rondan por allí. Voy a hacerme responsable.

Nota: No necesariamente comparto el punto de vista del video, pero se me hace muy interesante lo que plantea.

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