#nocristianés y mi campaña anti cristianoide

 - by Carlos González

No piensen mal. Para los que creen (están convencidos) de que me quedé herido de la anterior congregación en la que estuve, sobre todo… y para los que creen que soy un carnal, pecador incircunciso del alma que vive en pecado de soberbia y hechicería. No estoy haciendo una campaña anti cristiana ni estoy echando pedradas a nadie. Estoy, y perdonen mi expresión en medio cristianés, profetizando a la 2.0.

No soy nadie, repito, nadie para juzgar a otros. Menos a quienes han sido justificados y lavados por la sangre de Cristo. Cristianos hay en muchos sabores; desde los que usan faldas largas y corbatas viejas, hasta los que se tiran de espaldas vestidos con trajes de diseñador entre risas y piedritas brillosas. Dios ama a todos los sabores y colores de cristianos, aunque nosotros no nos amemos a nosotros mismos ni entre nosotros.

Aunque tú me juzgues. Aunque creas que te juzgo. Aunque me ignores. Aunque leas esto por curiosidad y para saber si estoy hablando mal de ti.

Obviamente, este post puede ser para todos y, en partes, para quien quiera tomárselo de manera personal. Este blog tiene su audiencia, después de casi 9 años de trabajo, 14 de escribir en la web de hecho… no me voy a conformar con poner indirectas y versículos en mi estado de Facebook. A estas alturas, tengo, y se que mis demás hermanos y amigos blogueros cristianos-inconformes-antireligiosos comprometidos con Dios y su Evangelio, estarán de acuerdo conmigo con esto: ser bloguero te crea una gran responzabilidad. Hay incluso blogueros que han muerto en el uso de su derecho de escribir, porque, para muchos de nosotros este no es un hobby, ni una profesión, si no una responsabilidad.

Mi responsabilidad, en este blog, es con Cristo y con su iglesia. Una iglesia que es capaz de creer en la gente sólo por la comodidad de no leer ellos la Biblia. Una iglesia que es la representación de Dios en la tierra y que, lamentablemente, no lo representa correctamente. Nos enojamos de que hagan parodias de Cristo, de que lo retraten en tono de burla o de sarcasmo; pero no lo representamos. Más bien, como que nos enorgullecemos de nuestras diferencias con los que no pertenecen a la iglesia y, o los insultamos, o los discriminamos con críticas amorosas, predicaciones absurdas y ridículas pero super emocionales y doctrinas inventadas por nuestras necesidades o interpretaciones antiguas y nuevas de lo que Dios dijo o lo que la Biblia dice.

Por eso, no por estar herido ni sentido; si no por entender de manera práctica que lo que Dios quiere es que todos vayamos al arrepentimiento y entendiendo que Dios para ello usa a toda su iglesia, es que, como ya he dicho antes, me pongo en medio.

Mi guerra no es contra la gente, si no contra la religión, que es la que estorba en la relación de la gente con Dios. El típico puente de las prácticas humanas para acercarse al creador. Los hábitos de comportamiento santificadores. El lenguaje alienante de los que hacen su círculo dónde sólo ellos se entienden.

Todo ello es hablar y vivir en cristianés. Un lenguaje y una nacionalidad que no es la de Cristo, si no la de los imitadores de los imitadores de los imitadores de aquellos que querían vivir como Cristo. Los que dicen “para mi el morir es ganancia y el vivir es cristo” sólo porque es su versículo favorito o porque ya saben hablar así después de leer la Biblia mil veces completita, y creen que predican correctamente al hablar del arrepentimiento y del pecado pero sin vivir la misericordia, la santidad de la lengua y el perdón.

Por eso me burlo, no de los religiosos, si no de su religión. Ese cristo (si, con c minúscula) títere, cumplidor de deseos, genio de la lámpara maravillosa, o el cristo que me niega sentir, pensar, amar y divertirme… ese no es mi Cristo. Mi Cristo, no es el que caminó en las aguas hace más de chorromil años… es el que que me quebranta todos los días y el que juega conmigo, el que ve anime a mi lado, el que me dice “yo regalaría mis discos Cristianos si los grabara y no me pelearía por regalías” y al mismo tiempo sin contradecirse me dice “pero si tuviera que cobrar regalías esperaría que me las pagaran”. es un Cristo que camina y me hace caminar por encima de las olas del orgullo discriminante, del ego teosófico, de la mediocridad avasalladora de una generación que quiere cambiar su mundo con amenes, aleluyas, infiernos y broncas.

Me declaro en guerra, no contra ti que engañas desde el púlpito, no contra tú que mandas a otros a hacer tu trabajo sucio, ni contra ti que chismeas desde el Facebook pero presumes de ser santo o contra el que quema a los artistas cristianos por considerarlos pecadores sin ver que con sus críticas se queman y pecan. Mi guerra es contra tu religión. Dios te ama y tiene misericordia de ti; y te soporta… incluso te usa, aunque todo tiene su tiempo. Dios también sabe sacar los trapos sucios, pero eso no nos toca a nosotros, ¿verdad?

Lo que nos toca es perdonar, amar… pero soportar la religión no. Alguien tiene que cumplir con la responsabilidad de decirle a la gente que los hijos de Dios, no somos todos esos tipos raros que cobran por sanar, o que te amenazan para que dejes de pecar o los que hablan raro, con palabras copiadas de la Biblia Reina-Valera 1909 en lugar de simples y comunes palabras perfectamente comprensibles.

Mi guerra es tan simple como un hashtag en twitter, chistes y aplicaciones en Facebook… y ya sabes, oración, pero de eso… no caigamos en religiosismos, por favor, ya sabemos que hay que orar; orar no es difícil, pero actuar…

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