Lo que no es, como si fuera

 - by Carlos González

Saludos mis finos y estimados amigos. Gracias por visitar, leer o aborrecer de nueva cuenta otra entrada en este blog. En esta ocasión no me interesa hacer meditar a nadie, ni escribir acerca de liderazgo o de la manera en que debemos corregir nuestras iglesias o vidas. Hoy sólo quiero decir, como anoche escuché decir a “Rocky Balboa” en la TV, que la vida no es bella ni llena de cosas hermosas; la vida te golpea una vez tras otra y te dejará en la lona si se lo permites, entonces, de lo que se trata es de recibir la mayor cantidad de golpes y permanecer en pie. Básicamente de eso se trata, como dijo el ya muy acabado Stallone.

La verdad es que eso, es cierto, hasta bíblico incluso. Tenemos a Pablo, confesando su debilidad en su 2a carta a los Corintios, en el capítulo 12 habla de que tiene un agujón en la carne y que le ha pedido a Dios que se lo quite; y Dios le dice “¿Ah sí? Pues te friegas y te quedas con él ¿Cómo la ves? Confórmate con mi gracia”, o más elegantemente “bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.

Hoy está, ¿cómo decirlo? ¿de moda? el no reconocer nuestras debilidades. Pablo se gloriaba en ellas para que el poder de Cristo se manifestara en él.

Hoy, “poder” es lo que más vende, lo que sea que nos permita prosperidad, solución, tener lo que soñamos. Creo en el poder, si no fuera así, este sitio no se llamaría Poder en Línea. Creo en el poder de Dios. Pero no creo que sea un producto, una panacea, o el material del que se componen los sueños cristianos. No mis queridos amigos y compañeros en este tránsito irregular al que llamamos vida. Jesús pudo pedirle al Padre que nos sacara del mundo, pero prefirió pedirle que nos librara del mal. En el mundo tendremos aflicción. ¿Qué hacemos con la aflicción? Pasar por en medio de ella, desde luego. Si no fuera así, el salmo 23:4 no diría “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. El poder de Dios se manifiesta, crece, se perfecciona en la debilidad.

Yo siempre apelo a las dudas, pues son las que garantizan que algo sea natural y auténtico. La duda impulsa a la verificación, a la comprobación, a la investigación y la curiosidad. Sin curiosidad, estaríamos pintando cavernas en lugar de dejar notas en el muro de alguien en Facebook. Dudar, es bueno, pero ¿saben? Creer es mejor. Creer en lo que es digno de creer.

Cambiando de canal en la TV encontré a Gene Simmons diciendo: “Si Dios me ordena algo, yo le pregunto ¿Por qué?”. Es muy buena pregunta.

En estos días en los que la gente odia la religión, aun se busca a Dios, pero no como antes. Antes se le buscaba sólo por buscarlo, hoy, se le busca con una pregunta como la del ex Kiss: ¿Por qué? ¿Dónde estaba Dios mientras Haití caía? Bajo esa perspectiva no hay por qué creer en “Dios”, al menos, no en el dios de los cristianoides religiosos, temerosos de sus cultos y sus respuestas predefinidas por siglos de tradición humana.

Los religiosos, por eso dicen, que Dios no estaba en Haití, porque era su “juicio”. No queridos hacedores de juicios, no es verdad. Dios está en Haití, tal como lo estuvo en Nueva Orleans durante Katrina o en N.Y. durante las caída del WTC, o en el Golfo Pérsico ante la invasión estadounidense. Dios está caminando con los débiles, con los que creen en él, con los que padecen de dolor y de angustia, porque él no envió ninguna ecatombe para juicio de nada en nuestros días.

Dios camina en el valle de sombras, manifestando su poder entre los débiles.

Mateo 5:3-5 dice, y más vale que no lo olvidemos:

Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.

Entonces, que venga la vida. Me vale si me golpea, que haga su mejor intento, aquí hay un hombre que no puede ser derribado, porque soy ridículamente débil y por eso, Dios me hace fuerte. Que venga, no le temo a nada.

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