México, el mundial y por qué no basta con el buen ánimo
- by Carlos González
Pensamos en creer, nos lo tomamos a pecho y hasta nos ofendemos si alguien llega con su opinión fria y honesta a decirnos que nuestra selección nacional no pasará del cuarto partido del mundial. “Hay que soñar”, nos dicen o “Tenemos un buen equipo, hay que apoyarlos”. Yo no niego mi apoyo, pero tampoco niego la realidad y no pienso hacerlo sólo porque quiera andar festejando los goles de mi equipo nacional.
En lo particular, yo veo más posibilidades de triunfo a Brasil, al España, Alemania o a Francia. Pero vamos al tema de este post. ¿Por qué yo no sueño con el triunfo de México? Porque este es un mundo real, con situaciones reales. Es el universo donde las leyes de Murphy son válidas y dónde de manera preventiva las retamos a cada día si queremos salir triunfantes. Este es el mundo de llevarle la contra a la “mala suerte” peleando con voluntad, ingenio, creatividad y habilidad para que el pan no “caiga siempre del lado con mantequilla”.
Qué más quisiera que en este mundo yo pudiera tener un anillo como el de Linterna Verde, o fuera un graduado de Hogwarts, o tuviera una máquina del tiempo estacionada en mi cochera para poder ir a apostar a todos los juegos de mi almanaque deportivo traído del futuro. Pero no es así, este mundo no es sólo de sueños, es un mundo real dónde los sueños nos inspiran, motivan y generan fe, pero no nos sustentan.
La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, pero mucha gente confunde la fe con una confianza abundante en bases inexistentes. ¿Quieres un negocio lucrativo? Trabaja en él, crea flujos de capital, haz relaciones, se amable con tus empleados y diviértete; no basta con levantarte cada mañana diciendo “si se puede”, porque el día que no se pueda comenzarás a sacar tus mejores y más creativos pretextos.
Por otro lado, hay que reconocer las veces cuando definitivamente no se puede. ¿Por qué? Pues porque de ese modo terminan muchos esfuerzos desperdiciados y puedes dedicarte a lo que sí puede dar resultado.
Una iglesia nueva, un negocio reciente, una familia que comienza, un trabajo recién obtenido. Todos necesitan su grado de fe para creer en la promesa que te ha hecho abordar el reto, pero no basta con la promesa, debes de dar pasos firmes e inteligentes para llegar lejos.
México no puede ganar el cuarto partido del mundial. Según mis apreciaciones podría tocarle con Argentina y los Argentinos no sólo sueñan en futbol, lo comen, lo sudan, lo hacen desde el vientre materno, es su herencia, cultura y esencia plena. Hay trabajo sólido y dinámico, reconocimiento de errores y depuración de técnicas. En México sólo se considera triunfo si un muchacho es fichado a trabajar en la banca de algún equipo de Europa o juega en España de manera regular. Entonces todos los mexicanos subimos al carro comunitario del triunfo y nos colgamos las medallas del chico que ha trabajado y se ha relacionado para hacer una buena carrera.
Luego se arma un equipo medianamente bueno con gente trabajando bajo presión, se les da un presupuesto de Blockbuster de verano, se hacen algunas amenazas públicas desde las sillas de los gordos líderes políticos y luego se comercializa la imagen de ese equipo de sueño que “ahora sí nos traerá el triunfo mundialista”.
Luego, cuando regresan derrotados, les llamamos ratones verdes, rancheros mediocres; pedimos sus cabezas o las de sus líderes, criticamos al delantero por lucirse, al Director Técnico por no sacar a la estrella de la banca, a los directivos políticos por no dar más dinero y apoyo a la selección.
Luego se nos olvidará todo por otros tres años, hasta que alguien se acuerde que no se ha calificado al mundial siguiente y hay que hacer milagros. Se declarará “la prioridad es calificar” y después de lograr la cómoda posición de selección mundialista repetiremos todo el juego.
Así, ad infinitum.
Eso y cosas como “no traes puesta la camiseta de la empresa”, “en esta familia yo soy el que manda”, “esta escuela es la mejor de la ciudad, a las otras van los que aquí rechazamos”, “presenta a las gringas, las chavas de acá están feas” o “no somos la iglesia más grande pero sí la más ungida” son los bloqueos y lastres que nos mantenen en el punto de la mediocridad.
Si voy a ver el mundial, sí gritaré los goles de México y le entraré a la fiesta; pero no digan que no avisé, no me llamen aguafiestas. Si quisiéramos ganar haríamos otras cosas:
- Daríamos más presupuesto a la educación para tener más escuelas con menos alumnos
- Se prepararía más a los maestros en los nuevos programas educativos orientados a las competencias de sus alumnos
- Se buscaría talentos en el deporte, las artes o las ciencias, por igual
- Se destacaría la habilidad por resultados obtenidos en lugar de destacar el “aprovechamiento” por calificaciones logradas
- Se eliminarían las tareas y se darían becas para actividades deportivas, artísticas o científicas en ciclos vespertinos
- Se respaldaría la labor de padres solteros ayudándo a sus hijos en áreas de formación ética y sociocultural
- Cambiaríamos al sistema en lugar de adaptarnos a él
Bueno… ya estoy soñando, pero en fín… “a qué le tiras cuando sueñas mexicano”.