Eres lider o te haces: 5 maneras de notarlo
By Carlos González on Mar 20, 2008 in Cristianismo práctico
Algo práctico y muy útil para el contexto y propósito de este blog. ¿Cómo diferenciar a un líder verdadero de un líder que sólo tiene el puesto? Checando si se cumplen estos puntos claros y precisos.
1. El líder actua con seguridad, el del puesto gana seguridad por su trabajo.
¿Han notado que muchas veces una persona se opone a algo y los demás lo siguen? ¿Han visto cómo un vecino da una idea y de inmediato encuentra apoyo de todos, aun sin ser quien toma las decisiones? El que sólo tiene el puesto cree que debe tenerlo porque eso lo hace sentir útil, aprovechado por todos y lo hace sentir cómodo y seguro. Si ya no es líder aprovechará cualquier oportunidad para recordarnos que lo fue y buscará adherirse a quienes lo son o lo fueron. Si el liderazgo se “pega”, ¿por qué no tratar de que “se pegue”?
2. El del puesto marca o encuentra los errores, el líder permite a su grupo encontrarlos.
Recuerdo a maestros marcando calificaciones con color rojo. Chispas, algunos hasta se enorgullecen de su papel calificador y se presumen como personas que odian las imperfecciones. Siempre están buscando los defectos en los demás, porque, “saben” que están calificados para decirlo. Se justifican para ello y cuando dan un consejo no solicitado, están felices “de ser útiles”. Al que es líder, simplemente otros le preguntan si van bien y él o ella contestan dando un abrazo sencillo y estas palabras: “Tú, ¿cómo ves?”.
3. El líder escucha, observa y aprende. El del puesto habla, muestra y enseña.
No me malentiendan, sé que debemos de enseñar si es que somos maestros o líderes, pero ese es sólo parte del trabajo, no la forma y el contexto de la vida. El papel del líder es el de escuchar a los demás, estar atento a ellos porque son importantes y debe cuidarlos, además de aprender de cada uno de los que tienen cerca porque el verdadero líder está a cargo de un equipo de personas más capaces que él o ella; eso lo sabe bien y por lo mismo no teme mostrarse más pequeño y aun así firme para darles confianza y poder dirigirles. El del puesto se cree responsable del trabajo, éxito y resultados. Exige, “motiva” con metas altas y tiempos determinados y siempre está listo para dar instrucciones.
4. El del puesto tiene la forma de la silla, el líder le da forma a su asiento.
Veamos: Escuela. Llegas a una banca y te adaptas. Punto, fin de la historia. El de al lado, llega y con cierto descaro y con algo de cuidado para no ser descubierto, le pega una calcomanía… quizá le dibuja algo con un plumón o simplemente la talla a navaja. Es un vándalo. Imagina lo mismo, pero en el puesto de liderazgo. El del puesto llega y hace todo como cree que es correcto, incluso tiene algunas ideas propias, pero todo es igual que siempre. Lo aman porque conserva las tradiciones y no da problemas. El líder verdadero trae formas nuevas y sin imponerlas logra que su mundo se transforme. Su espacio se adapta y evoluciona. Muchos lo creen un vándalo, pero no, es un transformador.
5. El del puesto odia equivocarse, pero el líder experimenta apasionadamente.
Cuentan, no tengo el dato documentado pero no es leyenda urbana, que un científico gritó con orgullo un día: “¡Lo logré! ¡Descubrí el solvente universal!”. Su asesor se acercó y le cuestionó: “¿Y qué es eso?” a lo que emocionado, el nuevo genio dijo: “Es un compuesto que lo disuelve todo”, hallando la fria respuesta de su encargado: “¿Y qué envase puede contener tan prodigiosa substancia?” Fin del ejemplo. Si, se equivocó. Ni modo, a comenzar de nuevo. El líder lleva un cuaderno de notas lleno de fallas y errores, experimentos fallidos y fracasos. El del puesto anota sus logros en público, sus libros los escribe con sus “casos de éxito” y sus anécdotas nos cuentan los momentos de orgullo y valor. Sus diarios íntimos llevan sus conflictos, decepciones y miedos, pero no son para aprender, si no para tenerlos presentes y justificar otras acciones “exitosas”. Mientras, el líder se muestra tal cual es, con fallas, con miedos; publica sus errores para advertir a los que van detrás de los peligros de repetir sus acciones, se permite mostrarse débil para combatir su orgullo y deja a otros cerca de sus fallas para convivir hombro con hombro. Sinceramente, me lo tomo a pecho, pienso que es delicioso fallar y es una aventura prodigiosa comprobar por uno mismo que lo aprendido funciona.
Sé que el sabio aprende de los demás, sí experimenta en cabeza ajena y usa lo que otros tienen. ¡No lograremos ser más listos que Dios! Mis vecinos son más inteligentes que yo. Me esfuerzo por tener una ortografía impecable, pero esta dislexia me esconde tan bien las fallas que no logro ganarle. Entonces, pido a Dios que me permita ver lo real de su Palabra, cuando Pablo dice que el poder de Dios, se perfecciona en nuestras debilidades.
Sí, la perfección de Dios se ve en los hombres y mujeres débiles, caray, con razón siento a Dios tan cerca y tan a mi derredor. Levanten la mano los imperfectos, levanten la mirada, caminemos y aprendamos porque uno de nosotros es el líder que cambiará al mundo… quizá tú que estás sentado sin ser tomado en cuenta, tal vez tú… sí, tú… el que no sintió que hablaba en segunda persona al describir al líder verdadero, porque si todo eso que define al líder lo relacionaste contigo, lamento decirte que… bueno, para qué lo digo si no lo vas a entender.



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