El corazón del guerrero

Hace poco estuvimos enseñando en el NIP dominical (NIP= Niños Intensamente Poderosos) acerca de la armadura de Dios. Es muy común enseñar en la escuela dominical de esto con un pequeño soldado de fieltro como ejemplo. Nosotros dimos la vuelta a la hoja: usamos al cristiano como ejemplo.

Recuerdo los días de juventud, en que crecimos mi esposa y yo en Amistad Cristiana (D.F.) bajo toneladas de amor y sacrificio de muchas personas, luego estudio y servicio (muchas veces a la fuerza, hasta que cae el veinte de que el amor es servicio y sirves de corazón) y posteriormente entrenando a otros. Sin embargo en el grupo de jóvenes hubo cosas que realmente me impactaron. Una de ellas fue la perspectiva que nuestros líderes le dieron al grupo: Nos hicieron sentir realmente parte de la iglesia a pesar de que somos un gran ecosistema.

Con ejemplos y a actividades inovadoras ibamos a las reuniones donde estábamos agrupados en 12 tribus como las de Israel, con estandartes y todo. Lo que más nos hacía entender las cosas, era saber que eramos parte de algo que funcionaba y saber que gracias a nuestro esfuerzo y dedicación crecíamos.

Allá conocía mucha gente, en la misma congregación. En el instituto bíblico conocí también a una multitud increible de maestros, de los cuales, aprendí que el cristianismo está lleno de matices.

Conocí una vez a un maestro que rechazaba la teología a pesar de dominarla y afirmaba que el Rock Cristiano venía del diablo, porque había sido puesto para sembrar división entre los cristianos. Recordemos que esos eran tiempos “pre internet” y que el debate entonces no era sobre Marcos Witt, Harry Potter, la película “la pasión” de Mel Gibson o los documentales anti cristianos de los canales de difusión científca. No se había escrito aun la cuarta parte de “caballo de Troya”, menos el código Davinci y, para su gusto, lo más peligroso era oir un CD o Cassette (de esos que antes se escuchaban en los wallkman) de Petra. Al mismo tiempo en el grupo de jóvenes nos ponían la proyección de “Beyond belief” y nos alentaban a pasar cada cosa de la “cultura pop” (hoy postmodernismo) por filtros, porque todo podía ser malo sin saber y debíamos estar alerta.

Mis maestros, en el instituto, fueron tan diferentes, que desde ellos y la dirección sólo se podía oir una enseñanza idéntica: “los cristianos todos somos distintos, debemos de centrarnos en nuestras similitudes o nos la pasaremos peleando entre nosotros”. Los que escuchábamos ese “peligoroso” y fresa (ñoño) rock de Petra soportábamos y amábamos al maestro que estaba contra el Rock Cristiano y ese maestro nos amaba y enseñaba a conocer a Dios “como Pablo lo conoció”, haciéndolo carne en nosotros. De él recuerdo esto de la armadura.

Una de las enseñanzas que considero primordiales de la Biblia es precisamente acerca de la armadura de Dios y es algo que los niños deben de dominar al crecer en la iglesia. Y nosotros también.

La iglesia de hoy no está dividida, aunque más bien, sí algo separada. Personas abiertas y, aun que no lo crean, santas, que acceden a la cultura y la ciencia, a los espacios políticos y a los centros de entretenimiento junto con otras personas que viven todo el día pensando que debería haber sólo cines cristianos, sólo ropa cristiana, sólo música sólo cristiana y todo ello porque si no, nuestra vida peligra. Piensan que la santidad depende de nuestro entorno y muchos creen en acabar hasta con ruinas arqueolígicas por ser Idolos.

La clave para que vivamos ambos tipos de cristianos en el mismo entorno es esta:

Ef 6:10-12: Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.

Pablo escribe esto porque tiene muy claro algo: estamos en el mundo sin ser de él. Estamos bajo ataque.

Pablo, que comía con gentiles (cosa prohibida y que veían todos muy mal), que dicertaba con los filósofos griegos (y los leía), que estaba en contra de judaizar y quitar las costumbres propias de la cuna a los convertidos; ese hombre santo, Pablo, enseñó que es obligatorio armarnos de lo que Dios nos da. Es lo único en lo que nos parecemos los diversos tipos de cristianos, en que llevamos la misma armadura.

Somos, por tanto, soldados. Guerreros. Sin embargo, muchos pensarán que el cristiano es un soldado que debe ir al frente de la batalla. Por eso es que Pablo habla de la maldad de este mundo (este siglo dice la RV60), porque la maldad nos rodea en el frente de batalla. Aun así, muchos se quedan en la “seguridad” de su casa, con la TV apagada, sin leer periódicos ni libros no cristianos, viendo sólo cine cristiano aunque sea de mala calidad, vistiendo ropa vieja para no ir a la moda, escuchando sólo música cristiana y perdiendo cultura y conocimientos que enriquecerían al valor de su fe, porque la fe sin obras es fe muerta y al creer firmemente en Dios contra todo lo que el mundo enseña entonces la fe ha sido probada; porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.

Entonces, algunos cristianos viven a la retaguardia, apartados de cosas como comer pan de muerto en noviembre (aunque no esté en las ofrendas, si no en las panaderías), de la radio, no van al cine “para no sentarse en silla de escarnecedores” y no usan la internet porque www parece un V/V/V/ que a su vez parece un VI VI VI y que así mismo, en romano pareciera un 6 6 6. También hay cristianos que dejan la iglesia después de haber leido “Cien años de soledad” y que están contra el diezmo, contra los cristianos que cantan de manera “religiosa” o los que lo hacen de modo espectacular y que visten con ropa a la moda y usan pircerings (cristianos, claro).

Sin embargo, todos somos diferentes y es nuestor corazón lo que nos hace ser iguales uno al otro, por tanto lo más sano, creo, es que estemos con la armadura puesta y al frente. Pedro entendío que todas esas cosas que antes hacía por “cuidar su relación con Dios” o “su testimonio” como el no comer con gentiles o no comer tacos de carnitas era algo que ya no tenía valor. Ahora lo que importaba era pelear la buena batalla de la fe.

Las formas, perdieron su importancia y el fondo cobró todo el valor total. Quiero pensar que Jesús iría a un partido de futbol y le dirían los pastores de hoy “¿cómo te juntas con pecadores, adoradores de hombres y bebedores de cerveza?” Imagino que Jesús aprovecharía el partido para sacarse una parábola: “Un día estaban dos hombres, de diferentes equipos orando a Dios -Señor, dame el triunfo este día- ¿a quien haría caso Dios en la oración de ambos?”. Los fariseos modernos dirían “al más santo, al que guardara los domingos y diezme de cada peso y rechaze la honra de los hombres”. Estoy seguro de que Jesús diría: “El triunfo es de quien ama a mi padre. Amen a Dios, dejen sus triunfos y conozcan su victoria.”

Claro que mi imaginación es enorme. Pero pienso que hemos perdido muchas vidas y hoy perdemos muchas más haciendo pensar a todos que los cristianos somos aburridos; no hablo de no bailar en fiestas bañados en alcohol y drogas, si no de que nos aburrimos en una cosa soza y lenta a la que llamamos “ralación personal con Dios” y que es cosa de quitarnos todo lo que no lleve “marca pecesito”. No dije que sea aburrido leer la Biblia. Amo la Biblia y es el libro más bello y perfecto que jamás se ha escrito. Sin embargo, lo aburrido es que no leemos, ni escuchamos música, ni vemos TV, ni vamos al cine, ni platicamos de nada que represente “entretenimiento”. Todo por no ensuciar “la armadura”, cuando la armadura está allí para que podamos estar en la batalla sin salir lastimados y claro, para que no nos ensuciemos.

El error, es ponérnosla mal o no ponerla. Entonces, si tienes corazón de guerrero, ponte la armadura y ve a la batalla. Quítate los paradigmas que estorban. Yo creo que eso incluso significa que podemos leer o ver el arte y la cultura, a sabiendas que es loque Dios busca de nosotros y mientras lo guarde. Si tú no crees lo mismo, no lo hagas, pero ponte la armadura, y hazlo bien.

Los niños, entendieron en mi clase que no importa que clase de cristianos seamos. No importa que estemos a la retaguardia o que estemos al frente. Lo importante es traer la armadura bien puesta, en nosotros, no en un muñeco de fieltro para el ejemplo, si no en cada uno en la vida diaria, porque lo más escencial es el corazón del guerrero.

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