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Planeta de Blogs Cristianos

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Cristianos y Obama

Obama y McCainLos cristianos no votamos como deberíamos votar. Nos conducimos por lo que nos interesa dentro de nuestros márgenes y paradigmas religiosos. En este caso, hay dos opciones de voto para los Estadounidenses el día de mañana, 4 de noviembre. Obama contra Mccain. Pero para los cristianos la elección no se define por propuestas económicas, facilidades para los trabajadores, aplicación de políticas de salud, mejoras del sistema educativo, planes para el retiro o apoyo a las empresas. Lo que los cristianos buscamos es conocer si se apoya al aborto, matrimonio homosexual o se da respaldo a políticas “liberales”.

La última vez que se eligió así, los Estadounidenses terminaron con la crisis que ahora se contagia por el mundo, leyes fascistas contra los extranjeros ilegales, una guerra que no se ha ganado en Medio Oriente, miles y miles de jóvenes muertos junto con su futuro, políticas que protegen a los emporios y descuido a las familias. Los cristianos de Estados Unidos pusieron en la presidencia al peor presidente de su historia, sólo observando propuestas religiosas y olvidando que la política no es sólo cuidar intereses paradigmáticos minoritarios.

Si yo fuera estadounidense, votaría por Obama, luego, usaría la política, el derecho y la fuerza de la democracia para impedir que la vida, la familia y la moral se pongan en riesgo… si es que los cristianos pudieran ponerse de acuerdo allá acerca de lo que es todo eso. Daría una oportunidad al cambio, ¿puede ser peor que ahora?

Actualización: Alerta electoral para mañana

Mañana estaremos atentos a los resultados electorales en Estados Unidos, comentando los avances y probables sorpresas, dado que, aunque Obama va ganando las encuestas, el sistema electoral de Estados Unidos no contabiliza voto a voto, si no distritos electorales ganados o perdidos.

Cristianos o cristinos

Este es uno de los apodos más desagradables del cristianés moderno. Los cristianos “actualizados” llaman a la gente no cristiana “el mundial”, o a los cristianos “tibios” les dicen “cristinos”. Yo imagino que lo dicen por alusión a la “Cristina” que tenía un talkshow en Miami, que se conoció en Latinoamérica durante los años 90, donde el espectáculo era resolver los problemas privados de la gente en público y con uso y abuso de violencia.

Aparte de lo mal que se han de sentir algunas Cristinas al sentirse aludidas con ese apodo, sigo sin ver la razón de que estemos perdidos en críticas entre nosotros. Y conste que lo digo yo que he criticado bastante las actitudes de la iglesia.

Me refiero a que debemos de pensar más en buscar y proponer soluciones. No es malo criticar. Lo que es malo es que no conoscamos la Bíblia, si no lo que nos dicen de ella o nos dicen que debemos de conocer; y la separamos del contexto actual en el que vivimos, del sentido común y del buen ejemplo que debemos de dar los cristianos ante el mundo (o sea toda la gente, no “el mundial” solamente).

Los cristianos somos ombloguistas, no nos gustan las críticas, las diferencias y no apreciamos los puntos de vista. Así, hemos hecho denominaciones que se condenan unas a otras sólo por boberas que son sólo puntos de vista factibles. Eso nos separa tanto que de verdad no se nota que nos amamos entre nosotros, por tanto, no se cumple lo que Jesús dijo: “En esto se conocerá que son mis discípulos”.

Cuando entonces viene alguien con una visión más realista y práctica del Reino de Dios, entonces, se tiende a criticar a esa persona, se le dice que es carnal, mundano, “critistino” y que coquetea con el “mundial”.

El punto es que no somos nada moderados para comprender que el hecho de que Dios sea el mismo ayer, hoy y por los siglos, no significa que nosotros debamos ser inmutables ante la tecnología, modas, aspectos socio-culturales y aspectos políticos.

Los cristianos tendemos a formar círculos que nos aíslan y separan, no del pecado, si no de la gente, incluso de nosotros mismos.

Hace años tuvimos un programa de radio para niños, donde un día hablamos de juegos de video, recomendando juegos que podrían ser útiles para compartir la palabra de Dios a otros o para fomentar una relación íntima entre padres e hijos, porque esa es parte del ministerio de Jesús (hacer volver el corazón de los padres a los hijos y de los hijos a los padres). Ese día, nos encontramos de frente con todo ese “glamour” cristianoide.

Nos llamaron personas para decirnos que no era correcto ocupar el tiempo de la radio, que Dios nos había dado, para hablar de videojuegos. “Mejor oren hermano o lea la Palabra”. Y sí leíamos la bíblia, pero no cada tres minutos. Ese es el problema de las comunicaciones cristianas hoy en día, que no usamos el tiempo en el contexto de la gente y sus necesidades, sino en el marco de nuestras prácticas religiosas.

Entonces, si uno quiere hacer un medio o una web cristiana y quiere que “sea de bendición” (es decir, que se venda bien y reditúe ganancias -para el ministerio, claro-), debe de hacer algo que hable en el lenguaje eclesiástico y religioso y en los temas de “culto” que los demás consideran “edificantes” dejando de lado lo demás, lo “mundano” y lo cotidiano.

Poderenlinea.com siempre ha estado dedicado a esas cosas que se dejan de lado. A lo que se lee y se ve en la TV y al cine o a lo que la gente habla. Nos dedicamos, desde el primer día de este blog, a decir lo que es nuestra responsabilidad decir acerca de todos esos temas que la iglesia puede aprender dentro de la misma iglesia y no fuera.

De este modo, nos ocupamos de lo terrenal, dirigidos y conducidos por lo celestial. Y claro, vienen las críticas y por montones. ¿Pero cual es el problema? Si nos molestaran no seríamos abiertos y seríamos presa fácil del ombliguismo que tanto nos molesta.

Por tanto, pásele, recomiende este blog y critíquelo. Para eso estamos, porque somos cristianos.

¿Cual crisis?

Odio las doctrinas de la prosperidad que hacen pensar al cristiano que, por el hecho de asistir a una iglesia X ya son dueños de todo el oro y plata del mundo y que por ello pueden extender las manos y aparecerán piedras preciosas en ellas o que dinero saldrá de la nada en sus cuentas de banco… odio el “declara, hermano” que es más metafísico que bíblico.

Odio también, por otro lado, a los que especulan con los desastres financieros, ganando dinero a costa de la pérdida de otros. Eso es, junto con el amor por el dinero, lo que nos tiene sumidos en la crisis financiera más grave desde los años 30 del siglo pasado.

Dicho en breve, las tasas de interés increíblemente bajas mantenidas artificialmente por años, los malos manejos de finanzas desde el gobierno, preferir la guerra al desarrollo, y la poca confianza en los mercados; todo esto sucedido dentro de los Estados Unidos durante la administración W. Bush, la peor que se recuerde en la historia.

Como un globo no se puede mantener a flote sin aire, los mercados no se pueden tener en marcha sin dinero de verdad y las quiebras de bancos y empresas inmobiliarias han dejado desempleo, dudas y especulación en la bolsa, haciendo que el valor de las empresas más grandes baje hasta niveles peligrosos, donde prácticamente no se pueden sostener.

Al reducirse el valor del dolar, luego en los mercados internacionales, la moneda intenta recuperarse… haciéndose más cara. Una moneda fuerte es una moneda barata, cosa curiosa. Entonces la moneda que se financie con dólares será devaluada al perder su valor el dolar, que es lo que pasa en Latinoamérica ahora.

Lo que piensan los expertos

Los expertos dicen que es la peor crisis que se ha vivido desde el siglo pasado, y tienen razón. Dicen que estamos en recesión, lo que significa que el dinero se ha quedado detenido… no fluye. Yo no estoy de acuerdo.

Creo que estamos en un tiempo de reconstrucción financiera producto de una crisis cíclica de onda larga, donde hemos llegado a un punto en que el modelo macroeconómico se ha desgastado y ya no funciona más. Entonces, viene un golpe duro al modelo actual y este se revertirá con la formación de un nuevo modelo económico.

Los últimos tiempos, ahora sí, de verdad

La cosa es, que los cristianos siempre estamos esperando ver señales de los últimos días hasta en la sopa. Cada gran guerra es más bien una gran vergüenza para los profetas que nos dicen que ahora sí, viene el anticristo, la gran tribulación y el arrebatamiento. Ahora vienen a decirnos que se ha terminado la seguridad, que de aquí se levantará la bestia con un modelo económico que nos llevará a usar marcas en la mano derecha para comprar cosas y que luego pasará todo lo que sabemos que nos han dicho que viene.

Ahora está el momento en que nos dirán que hay que sembrar en “sus ministerios”, ofrendarles a ellos, dar pasos “de fe” y así, nos quitarán lo poco que hay sin nada más que ilusiones no bíblicas a cambio.

Lo que debemos de hacer

En la medida de las posibilidades, porque sin mucho dinero no será posible, pagar deudas, o mínimo renegociarlas. Me refiero a tarjetas de crédito. Y deja de usarlas por un momento.

En los países donde las tazas de interés estén fijas, aprovechar para comprar ahora a crédito si se cuenta con el capital prospectado, esto es si es que se planea hacer la compra de una casa o un auto y no es por cuestión de lujo sino de necesidad.

Es importante ahorrar en lo necesario, gastar un poco menos, comprar cosas más baratas, no tomar vacaciones costosas o evitar regalos navideños.

Invierte en negocios, no a lo loco, si no en cosas que consideres que te darán una recapitalización pronta. Pon un carrito de hamburguesas o tacos por la noche en tu colonia si lo sabes hacer bien; vende cosas sencillas que no te vayan a dejar con más deudas; no hagas tandas o vaquitas.

Ahorra en el banco, sí, ya hay sistemas de protección y candados que asegurarán que tu dinero no se pierda. Infórmate cuales son los límites de fondos para protecciones gubernamentales y si tienes dinero de más y quedas fuera de la protección, abre varias cuentas.

Siembra en otros. Da trabajo, invita a comer, da muestras de tu confianza en Dios ante estas situaciones, pero no en las finanzas de un tele evangelista mal peinado, si no en tus amigos, sobre todo si se están viendo golpeados por la crisis.

Esta crisis puede durar de 6 meses a 2 años y no hemos tocado fondo. Lamentablemente dependemos mucho de la habilidad de los gobiernos para prever situaciones, ahorrar o tener planes adecuados que protejan las monedas de nuestros países, pero vamos, sí se puede esperar. Una vez tocado el fondo sólo habrá que caminar hacia arriba sin cansarse.

Nuestro regalo anticrisis

En los tiempos de los Hechos, los cristianos estaban en una crisis mayor a esta. La gente perdía sus casas por intimidación o sus trabajos por amenaza de sus vecinos. Nadie quería a uno de esos cristianos viviendo cerca… era tener problemas con Roma o los fariseos y no es bueno eso para una vida tranquila. Entonces los cristianos se reunieron, vendieron cosas, se repartieron sueldos y comidas. nadie se quedó sin nada, sin techo o sin compañía.

Ese sembrar anti crisis es lo que necesitamos hoy.

Bono de descuento para los que busquen hospedaje

Ante esta crisis he encontrado un servidor dedicado más económico y aun así más potente, que me permitirá mantener mis costos de hospedaje para aquellos que quieran hosting para sus sitios web.

Esto me hace más competitivo. Como apoyo para todos los blogers y entusiastas de la web, voy a dar un bono de “crisisis” con un descuento a quienes compren su hospedaje durante octubre, noviembre y diciembre. Muy pronto les estaré informando cómo será esto.

Sacatón, sacatón… ¿a qué le temes?

Hace días se dio un paso más en la inseguridad de nuestro amado país, México. Si, lo escribí bien, no dije en la lucha contra, si no en la inseguridad. Un gran avance, en términos de pánico, desquiciamiento y de lo absurdo: la auto restricción por miedo.

No es auto censura por padecer persecución, como hacen los misioneros en la India, Pakistán o China, donde los gobiernos premian el homicidio de un cristiano confeso, si no el auto amordazamiento de un blog por causa del miedo a sufrir violencia por dinero.

Sí, en caso de que no sea claro, lo diré con mi acostumbrada puntualidad: hay personas que están haciendo privados sus blogs por miedo a ser secuestrados. ¿De qué se trata esto?

¿Cual es la razón de tener un blog si lo vamos a cerrar, si vamos a discriminar a nuestros lectores, seleccionándolos, aislándolos de nuestros contenidos y separándolos de la conversación? Un blog “privado” equivale en la conversación global que son los blogs a un cuarto cerrado o a un secreteo desconsiderado delante de todos los que te puedan ver.

La privacidad de los blogs es una herramienta destinada a familias, a empresas o a instituciones que intentan usar al blog como una especie de intranet, con la que puedan comunicarse y dejar constancia de sus comentarios. Sin embargo, el que algo se pueda hacer no significa que sea correcto en su ejecución.

Esto se remonta al secuestro reciente de Fernando Martí, de 14 años, quien murió presuntamente como víctima de sus plagiarios. No pasaría de ser un caso más de secuestro en el país de los secuestrados, pero, los medios tradicionales necesitan vender periódicos y espacios televisivos, así que se volvieron cibernéticos de pronto. “Descubrieron” que el joven asesinado tenía su perfil en Hi5, y que, esto, dicen, fue lo que lo pudo poner en manos de los secuestradores.

Los sagaces periodistas olvidan aparentemente que el joven victimado era hijo del dueño de la multimillonaria franquicia “Deportes Martí” y que por ese único hecho, ya era completamente secuestrable. No justifico el crimen, sólo lo hago razonable. Un criminal no secuestrará al hijo del zapatero, pero sí a los hijos de una dama de sociedad que se pasa las mañanas en el spa, los sábados en las tiendas y las tardes hablando de su último crucero.

¿Qué te hace secuestrable? Que se sepa o se deduzca que eres capaz de reunir un capital considerable a cambio de la seguridad de un familiar o amigo plagiado. Un secuestro exprés puede no ser tan complicado como el que sufrió el chico Martí, aún así es un secuestro y ese lo podemos sufrir todos, aunque para ello no requieren ver nuestro perfil de Facebook.

Todos estamos a expensas de un accidente. Hace años, el esposo de nuestra entonces casera murió al no soltar su cartera mientras era robado en la calle, sin necesidad de que se conociera su correo electrónico siquiera. Actualmente no es necesariamente a través de las redes sociales como los secuestradores o extorsionadores buscan sus víctimas, aunque desde luego pueden aprovecharlas.

Es la presunción, el ego de lo que se posé, el lucimiento de lo efímero, lo que nos hace ser objetivos perfectos para la violencia de la abducción. Lamentablemente, eso impacta en la razón provocando miedo y desconcierto. Esto ha llevado a que por lo menos uno o dos blogs que conozco se cierren y se vuelvan selectivos. Al ser tan exclusivos se vuelven el más obvio y claro objetivo de los criminales, porque, pensemos: ¿qué tienen que esconder? ¿Acaso no te llamaba más la atención robar las galletas de la parte alta de la alacena cuando eras niño, que tomar una manzana del comedor?

Un verdadero criminal no es tan tonto como para andar buscando en google la palabra “secuestrable”, para ver si sale algún empresario regordete con cara de “me pudro en dinero” o una señora nice con cara de “soy super cool, super linda, super buena madre y super rica”. Si yo fuera secuestrador me iría a parar frente a una escuela privada de “catego”, con discreción miraría a las orgullosas damas que visten Oscar de la Renta y después de seguirlas me encargaría de evaluar si pueden pagar mis vicios a cambio de su seguridad. No se necesita cancelar la cuenta de My Space para evitar eso. Los criminales son malos, de verdad malos y no necesariamente debemos escondernos con miedo, si no defendernos con cautela.

Lo que necesitamos es vivir modestamente, no presumir lo que con trabajo se tiene, no usar la jactancia de lo poseído como masturbación al ego delante de la clase obrera (a la cual, me honro en pertenecer desde mis antepasados albañiles).

Todos podríamos pasar por eso, y por eso debemos ser cautos, cuidando nuestros hábitos y eso incluye el no dar de alta “amigos” en Facebook sólo porque sí, o dar información a cualquiera; sin embargo el tener un blog público un día y luego hacerlo privado es en unos casos (debe haber excepciones, si es tu caso te invito a exponer tus razones) convertirlo en un club exclusivo de la auto concesión.

Buenos hábitos como el no seguir una misma ruta, evitar cambios frecuentes de automóvil (cada año), no contar dinero en la calle, no presumir tus días de compras, cuanto gastas, cuantos viajes haces y demás, aparte de cuidar tu personalidad te harán más seguro si perteneces al 20% de personas ricas de este mundo o si intentas parecerlo. Además, nos sirven a todos los seres mortales y comunes que todos los días comemos a la carta, como dice el chiste: barajamos, repartimos y el primero de la familia que saque la carta con as es el que come ese día.

Por lo demás, debe haber casos fundamentados para cerrar un blog o hacerlo privado, aparte de lo empresarial; sin embargo creo que por lo menos debe de haber alguno en que más bien debe ser el pretexto perfecto para crear un ambiente para la veneración de sí mismo, con un grupo selecto de fans que jamás le cuestionarán y nunca pensarán diferente.

Temor y temblor: El terremoto de 1985

Los que vivimos en la Ciudad de México durante 1985 recordamos con cierta dificultad, a veces con alivio, en ocasiones con miedo y muchas más con tristeza, la amarga experiencia, dolorosa y lúgubre de un día jueves seminublado que iniciaba fértil y vigoroso como cualquier otro, cercano al fin de semana, después de las fiestas patrias, previo y a menos de un año del mundial de fútbol, saturado de todas esas cosas que muchas veces ya no recordamos porque quedaron sepultadas a las 7:19 horas del jueves 19 de septiembre.

Yo caminé con mi hermano Hector, como todos los días, los dos kilómetros que nos separaban de nuestra escuela (no hay escuela suficientemente lejana, todas, como sea, te atrapan tarde o temprano). Los charcos nos rodeaban porque la noche anterior había llovido. A sólo dos calles debíamos cruzar un puente peatonal, mi temor a la altura siempre me hacía pasar justo por el centro (gracias a Dios ese temor ya no existe) y aun así, recuerdo que le dije a mi hermano, justo por en medio de la estructura: “Presiento que hoy va a ser un buen día”.

De algún modo sí lo fue. Aunque 20 minutos más tarde creí sentir un mareo y después pude conocer las puertas del infierno, no nos sucedió nada, permanecimos vivos y juntos.

Sentado con dos de mis amigos (mis únicos amigos) en la escalera del plantel, todos nos quedamos quietos a las 7:19 de la mañana. Alcancé a reirme y dije “es un temblor, ahorita se pasa”. De la nada y en lo que terminaba de hablar sentimos como si una bomba hubiera caido. Del techo se desprendieron fragmentos y podría jurar que la escalera se movió. Alcancé a ver menos de un segundo antes de correr, que el piso explotaba, la puerta de la biblioteca se doblaba, los cristales de las aulas estallaban arrojando sus fragmentos a los estudiantes; dentro, los mesabancos saltaban como niños en un brincolino y un pesado escritorio de metal se movía por el salón como barco de papel en un arroyo.

La razón me abandonó. Antes de correr al patio vi cómo un compañero de 3° A corrió para sacar al hijo de la conserje en brazos de uno de los salones de taller, el de cocina, donde desayunaban informalmente las maestras cada mañana. Alumno, con niño en brazos y maestras regordetas corrieron al centro del patio y yo los seguí.

Allí, “a salvo”, nos reunimos todos los alumnos. Olvidé a mi hermano. Un alumno desconocido luchaba por mantenerse de pie y entonces me di cuenta de que yo tampoco podía coordinar mis pasos. Mi lucha por permanecer erguido terminó cuando alcanzamos todos en medio de una única expresión vocal a decir “ah”, mientras el asta bandera de hierro, de tres pisos de alto se soltaba del muro donde estaba fijada, quedando sólo sujeta por un arillo de metal por su base al muro endeble que crujía y soltaba fragmentos cada vez más grandes. Eso nos obligó a juntar nuestros hombros al centro del patio.

El edificio que sostenía al asta crujió mientras iba perdiendo decímetro a decímetro algo de altura. Otro grito nos volvió a alertar mientras la barda trasera se deshacía en una onda, como fichas de dominó aplastando a algunos de los alumnos. ¿Sabes que es lo genial del miedo? Que a esas alturas no sentías nada, ni el miedo mismo. Uno de los conserjes permanecía en el tercer piso, sostenido de un frágil barandal esperando que ni el ni el edificio se vinieran abajo.

Rodeados por dos edificios, uno de tres pisos y otro de 5, sin puertas de acceso descubiertas, con una barda derrumbada que había atrapado a algunos compañeros, gritos, llantos y caidas… en ese momento no sabes ni cual es tu nombre o cómo llegaste allí. Sencillamente no hay razón, quieres despertar, o morir, pero que sea lo más pronto posible.

El terror comenzó después. Nadie podía poner orden. ¿Dónde estaba mi hermano? ¿Cayó la barda sobre él? ¿Cómo saldremos de la escuela si hay que pasar por debajo del edificio que está a punto de venirse abajo? ¿Porqué no paraba el maldito temblor? ¿Dónde están mis padres? ¿Los espero o me regreso a mi casa?

Cuando pudimos hallarnos, mi hermano y yo salimos del plantel de nuestra escuela, caminando y en una nube de estupor que no puedo describir.

El concreto estaba separado de las banquetas con espacios de hasta 5 cm. Cuarteaduras por todos lados, aceras deformadas con crestas por todas partes, un automóvil volteado, cables eléctricos caidos, ni un sólo teléfono público útil y cuando hallamos uno, el de nuestra casa sonaba ocupado. Bardas deribadas, semáforos apagados, patrullas circulando a toda velocidad… ambulancias… después calles vacías y ahora más nubes y un frío estremecedor.

Llegamos a casa entre llantos, miedo y más gritos de nuestros vecinos. Mi padre no estaba porque tomando el auto del vecino había ido a buscarnos, desde luego, sin hallarnos. Dolor y tristeza, algunas paredes fracturadas, pero no los postes y dinteles de la casa. Reunidos los cinco, mis dos hermanos, mis padres y yo, lloramos y reímos.

Corrí por mi radio de bolsillo, lo encendí en la XEW y escuchamos el estado del caos a manera de consuelos desordenados: “La familia Domínguez de la Peralvillo, está bien. La familia González de la Roma, está bien. La señora Juana de Hernández pide a su esposo que se comunique. La familia Villegas de la Agrícola Oriental está bien…”

Minutos más tarde, Jacobo Zabludovsky recorría las calles con su teléfono móvil, en el auto, como era entonces dándonos cuenta de los daños en el Hotel Regis, el Hospital General y el multifamiliar Juárez. Impávido, profesional y sin expresiones amarillistas recorría calle por calle dando el micrófono a personas comunes que se vestían de héroes y héroes que lloraban por no tener suficientes manos y recursos para salvar la vida de uno más, ese que gritaba, que clamaba debajo de toneladas de escombros y con sólo minutos de aire limpio; retratando el dolor del dueño del restaurante “Superleche”, en el Eje Central, frente a la churrería “El Moro”, quien lloraba la pérdida de su familia, su casa y su negocio, todo de una vez, no mostró ni una lágrima. Sin embargo, en Chapultepec 18, lágrimas y desconsuelo no pudieron refrenarse y salieron de la boca del comunicador: “mi casa de trabajo, donde he pasado más tiempo que en mi propia casa está destruida”.

¿Es que alguno de esa época quedó sin ser tocado, trastocado, transformado por los hechos? Más allá de los bebés que sobrevivieron a la caída del hospital donde nacieron, o los damnificados que incluso a la fecha no han sido restituidos de lo que perdieron, o el movimiento social que se gestó ante la inutilidad del gobierno de entonces, lo que nos quedó fue una herida y ahora una cicatriz que no puede dejar de ser vista.

Quienes hoy nacieron y viven a la sombra de esos tiempos y no conocen lo que es un terremoto no tienen idea de lo que es ver a la vida derrumbarse y ser transformada de golpe, en tres minutos.

Lo malo, es que las condiciones están dadas para que la tragedia se repita, para que otro terremoto aparezca y ¿qué harás ese día? ¿Sabes qué hacer y cómo comportarte? Quizá sí, tal vez este pueda ser el mejor día de tu vida, pero, como entonces pasó para tantos… ¿y si no fuera así?

Los cambios son duros, pero necesarios.

No voy a extenderme mucho esta vez. Hasta hace poco participé junto con mi esposa Akire en una iglesia local de aquí en Xalapa, Veracruz; lugar donde trabajé como director del ministerio de niños, además de cumplir ciertas funciones de oficina, la asistencia al pastor, desarrollo de boletines, desarrollo de medios, grabación y duplicación de conferencias, atención a grupos pequeños, asistimos un tiempo al director de jóvenes, tuvimos un grupo pequeño en casa y otras cosas que iban saliendo. Estuvimos al rededor de dos años y cuatro meses allí. Aunque desde el principio encontramos mucha renuencia en una parte del liderazgo para que implementáramos nuestro trabajo y desde hace poco más de un año veíamos inminente nuestra salida, fue desde hace unos pocos meses que comenzamos a hacer maletas; no porque quisiéramos salir de allí, sino porque las diferencias entre el liderazgo y nosotros ya eran muy amplias.

Como todos los lectores de este blog saben, no somos cristianos del tipo tradicional, que vistan con faldas largas, lleven grandes biblias Reina-Valera 60 en las manos, digan “amén” tras de cada “declaración profética”, confíen en cualquier “apóstol” que llegue con “nuevas revelaciones”, que empuje a la gente por la frente para que caiga hacia atrás, etc. Somos cristianos que leemos, que estudiamos, que analizamos todo reteniendo lo bueno y desechando lo malo, que no creemos firmemente en lo que cualquier maestro dice sólo porque lo dice y que no tenemos miedo de afirmar públicamente nuestras posturas políticas, teológicas, culturales y triviales incluso, porque creemos en el libre albedrío y en que cada cosa que es jusgada ante la Palabra de Dios y con una conciencia clara es lícita (aunque no todo nos conviene). Creemos que también hay personas de criterio corto, mucho miedo al conocimiento, conciencia angosta o que creen ciegamente en lo que cualquiera enseña (no hablo de la iglesia de donde salimos, si no de la iglesia cristiana en general) y que por ello no debemos andar por allí contradiciendo lo que ellos han creído, para cuidar los términos de sus convicciones y su conciencia. Así fue como vivimos estos dos años y medio, esperando ayudar, además, a algunos pocos jóvenes que se sentían relegados, según sus palabras, en reglas confusas, actitudes contradictorias y religiosismos incomprensibles. Siempre pedimos cautela y que fueran fieles a su grupo, pero que se buscara en orden la transformación de sus espacios en algo más abierto a conocer la aplicación práctica de la escritura.

Lamentablemente, al odre viejo no le cabe el vino nuevo y los vestidos antiguos no pueden ser remendados con parches de tela más reciente. Nosotros, el parche nuevo, el vino menos añejo, teníamos nuestros días contados desde que entramos.

Allí hallamos amigos, personas que actualmente siguen siendo parte de nuestras vidas de manera tan firme como lo es un marcapasos de quien lo requiere. Algunas personas prefirieron olvidarse de nosotros con galantes gestos, dando pie a la impresión de que “aquí no pasa nada”, y no nos volvieron a buscar. Otros, antes declarados amigos, hermanos de causa, compadres de juerga, compañeros de aventura, la crema del café y audífonos del iPod, de manera extraña usaron nuestras reprensiones en amor, advertencias, avisos y atenciones como testimonios de opresión, de abuso y de engaño para poder testificar contra nosotros en una nube de testimonios de esas que salen siempre que uno abandona una iglesia. Siempre hay amigos que “dan la espalda justo a tiempo”.

No nos quedamos solos, no salimos por la fuerza, salimos por decisión nuestra y aunque anticipadamente, porque estábamos esperando un poco más de tiempo para ello, pero dentro de nuestros planes, que son hechos como parte del plan mayor de Dios. El centro cristiano donde estuvimos no es un templo malvado, o una iglesia sin amor, no es un lugar sin fe o falto de “sana doctrina”, ni tiene pastores malignos que quieran conquistar el mundo cuales “Pinky y Cerebro”. Aun tenemos a nuestros más fieles y entrañables amigos, mismos que comparten las mismas diferencias que nosotros tuvimos con su iglesia pero que sabiamente no nos siguen hacia fuera, porque esto de salir de una iglesia es cosa peligrosa, digna de todo un post de esos largos para después.

No estamos heridos, ni dolidos, ni nos falta sueño, ni requerimos oraciones de restauración; gracias por preguntar. No, tampoco nos sacó algún pecado oculto, ni me hallaron en malos pasos, ni somos de los que se estacionan en doble fila en avenidas de tres carriles en horas pico bloqueando el tránsito vehicular por más de 20 minutos para recoger a nuestra hijas de la escuela, ni tengo videos metafísicos como The Secret en mi casa, ni creo que la ley de la atracción es una versión secular de “todo lo que declares os será hecho”, ni nada por el estilo. Quizá la mayor diferencia es que leemos libros como Harry Potter por considerar exageradas las declaraciones en contra o preferimos una teología práctica aplicada que una teología de principios fundamentalistas tradicionales.

Esto detiene muchos planes o los retrasa. Retrasa el Pray & Blogs que estábamos por tener en Xalapa, retrasa el lanzamiento de +1 [Uno Positivo] y reduce mi lista de invitados a mi fiesta de cumpleaños (y nos deja más pastel, ¿verdad Jazz?). Sin embargo no cambia nada, nos ha dado más tiempo, aumentado el trabajo, creado espacios para tener más esparcimiento como familia y ha dado el tiempo para retomar algunos planes postergados, como los que teníamos antes de entrar al Centro Cristiano donde estuvimos.

Los cambios son duros, pero necesarios. No son fáciles, pero son indispensables. Mucha gente cambia inecesariamente por falta de crecimiento o duda en cambiar por la misma causa o por simple conformismo. Sin embargo, esto es algo bueno y quería compartirlo, ahora que han pasado tres semanas exactas de sucedido.

Gracias a Dios por la iglesia donde estuvimos dos años y medio y gracias a Dios por la oportunidad de volar.