Estuve blogueando desde la casa de mis suegros. Siempre estamos con ellos los domingos, pues para mi hija es una bendición verlos y dejarse consentir por tan nobles personas. Desde allí vimos resultados honrosos acerca de nuestro triunfo como nación al votar fielmente, pero nuestra pequeña se durmió antes de los “resultados del IFE”.
Llegamos a casa en el momento en que Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del IFE, daba a conocer que aun en el más estricto muestréo científico que se pudo obtener no hay una diferencia relevante y que prefiere que esperemos al miércoles, ni siquiera que termine el PREP, si no a que se inicie y posteriormente se concluya el conteo final. Vi emocionado, ya con mi hija en casa, en pijama rosa (puesta por mi, mientras mi esposa preparaba su cama), cómo nuestra institución cívica más esforzadamente dada a luz crecía y se convertía en estandarte de justicia y equidad. Aun el panista Vicente Fox pidió, tal como el consejero del IFE, que se respetara el voto esperando sin hacer declaraciones ni fiestas. Ugalde fue más firme aun. Exigió que nadie celebrara y que se esperara, aclarando que nadie podría anunciar triunfos en base a encuestas de ningún tipo y que los únicos resultados que avalaría serían los iniciados el miércoles y concluidos hasta el agotamiento de datos. Prohibió triunfos “según datos”.
La voluntad del pueblo es ley, Vox populi, vox Dei en buen latín, pero aun así no lo es para los dos partidos “ganadores”.
AMLO se declara victorioso, claro, antes dice ser respetuoso de lo que el IFE ha declarado en su consejero presidente, pero le pide al IFE que respete sus resultados de encuesta, mismos que arrojan por lo menos 500 mil votos, poco más del 1% de ventaja. Así, con rostro escueto se va a festejar e iniciar la defensa del voto al Zócalo, donde le esperan más o menos dos mil empapados fanáticos, que hace unos momentos le han creido que ganó, y sonríen. Mi hija ni se inmuta, espera que su cama esté lista entre sueños.
Crédulos también los fanáticos del otro candidato, irrespetuoso de la ley como el primero, pero este es azul y de lentes. Calderón, FECAL, hace honor a su apodo pasándose por el arco del triunfo nuestro voto y a la noble institución cívica que es el IFE. Anuncia el triunfo y se atreve a dar cifras que rondan en ventajas de 2% a 4% de ventaja. ¡Pero si las encuestas más confiables no dan una ventaja mayor a su margen de error! Además pide defender sus votos e inicia la fiesta. Por último menciona ante el sueño plácido e infantil de mi pequeña, que el IFE avala sus resultados con los que hasta ese momento, con casi el 40% de casillas computadas, les dan 38% de tachecitos en su logo. ¡Qué arriesgado e irresponsable!
Quizá debieron tomar algún día un curso para ser representantes de casilla antes de ser candidatos presidenciales y así enterarse de que en casos como este, el PREP es sólo una idea, deja de ser un resultado oficial y se pasa a contar con estricto cuidado el voto del pueblo. Entonces, con diferencias mínimas, se da un triunfador, a más de una semana a veces de haber emitido los votos.
Pero lo que nos espera, gane amarillo o gane azul, es un presidente que no respetará las instituciones civiles, aunque para ganar diga lo contrario, pues el chiste es ganar, es ganar contra todo y pese a todos nosotros.
Mi hija duerme en su cama, preparada por su mamá, mientras el seguro tercer lugar exije, qué le queda, que se esperen a los resultados finales, mientras los otros celebran triunfos contradictorios basados en cifras infladas. Ahora sólo falta que los fanáticos “defensores del voto” de cada color se enfrenten cual bandas callejeras en la película de “pandillas de Nueva York” o la cristiana “la cruz y el puñal”. Tenemos toda una semana para que algo salga mal y seguro, como dice Murphy, saldrá mal, si es que no defendemos no nuesto voto, si no la paz.
Cristianos que trabajan en partidos, si es que acaso leen esto, ¿qué es más importante? ¿Su puesto o la seguridad de mi hija que duerme sin sospechar que dos hombres confrontan a sus votantes sólo por su triunfo? No tomen su puesto como opción, lo suplico. Si algún candidato leyera esto en el menos probable de los escenarios, por favor… piense en mi hija, no en usted, primero mi hija… ya que así piensan cada uno de muchos padres razonables que hay en México. Por favor… nadie pierde, salvo ustedes que declaran una victoria aun inexistente. Para mí, si estuviera en su lugar, sería primero mi hija.