Murió Colosio y perdimos la inocencia

Hubo un día en que México volvió a creer en el PRI. Hubo un día en que se confió que el partido de la revolución, lleno de ladrones y traidores a sus fundamentos, cambiaría bajo los esfuerzos de un sólo hombre. Hubo un día en que ese hombre se atrevió a ir en contra del sistema, a criticar al presidente, a cuestionar la infalibilidad de su partido, a darse la vuelta y pedir perdón a los votantes por décadas de mentiras y traiciones. Se decía que era imparable.

Hoy, oficialmente, se dice que un sólo hombre, por simple mesianismo tomó un arma y disparó contra el candidato del PRI, que sucedería a Carlos Salinas de Gortari en la presidencia.

En ese momento no lo sabíamos, pero el peso pasaría muy pronto a devaluarse drástica y dramáticamente; los bancos perderían toda su estabilidad, la capacidad del presidente que nos estaba “llevando al primer mundo”, el hombre de la solidaridad, el santo del milagro mexicano, sería no solo puesta en duda, si no ciertamente descubierta como el monstruo de monstruos, el ser más terrible y maligno de la historia.

No sabemos lo que realmente pasó, pero lo que es cierto es que esa noche del 24 de marzo de 1994 México perdió la poca inocencia que le quedaba. El PRI acabó con la miserable credibilidad que conservaba hasta entonces (cosa distinta a hoy, cuando cobra un nuevo auge) y el cambio político cuajó por fin, después de guerrillas, errores de diciembre, elecciones ganadas por una oposición que hasta la fecha no sabe gobernar y, aunque no necesariamente fue por la muerte de Colosio, sí es en ello donde vimos los dolores de parto que nuestra actual política sufrió al dar a luz el México que tenemos hoy en manos.

Colosio murió, a manos del “Chupacabras”, dicen las lenguas populares por conclusiones ideológicas, a manos de más de dos tiradores, en una emboscada, mitificándolo, haciéndolo mártir de un partido que no tenía ya oportunidad de seguir vivo o el santo de un panteón de héroes revolucionarios que no fueron como nos dijeron pero daban vida a la causa política del partido tricolor. Si lo mató su partido como se cuenta, ganaron tiempo para no verse expuestos y si no lo hicieron, entonces aun así ganaron mucho, aunque por poco tiempo. Zedillo ganó la presidencia ese año, aunque la causa estaba perdida y la entregó seis años después a manos de un payaso con botas en el que muchos confiamos; pero Zedillo lo hizo porque era lo que pedimos con nuestros votos y eso esperábamos, así que al fin y al cabo, Colosio ganó, por lo menos lo que él decía que quería; que tomáramos nuestro destino en nuestras manos y nos condujéramos por donde quisiéramos. Aun así, no se sabe la verdad el día de hoy.

Nadie sabe nada del caso, de hecho, ya ni se habla del asunto. Colosio está muerto y enterrado, como el caso de su muerte. ¿Escuchaste algo de su aniversario de muerte esta semana? ¿Qué estabas haciendo hace 14 años y dos días por la noche?

3 Comment(s)

  1. Wow, el tiempo sí que pasa rápido.
    Hace 14 años creo que ya me habían entregado mi credencial de elector por que estaba por cumplir los 18, estaba “emocionada” de que ese año emitiría mi primer voto para elegir presidente, por que claro estaba, ya sería mayor de edad.

    Exactamente ese día, si no mal recuerdo era miércoles, día libre de mi papá y por tanto era día de echar relajo con él por alguna parte de la ciudad.
    Nos llevó a jugar maquinitas a Plaza Lindavista en lo que esperábamos a que mi hermana mayor saliera de su universidad para ir a recogerla.
    Ya estando afuera de la escuela mi pa’ encendió la radio, como siempre lo hacía, para escuchar noticias (costumbre que jamás se le ha quitado, ni se le quitará jajajaja) y entonces nos enteramos… yo, que estaba acurrucándome en la esquinita del asiento trasero para comenzar a roncar, me levanté de sopetón, no podía creer lo que estaba escuchando. Aun estaba en una edad (y posición social) ingénua en la que uno cree que esas cosas sólo suceden en los lugares con más anarquía, en países poco civilizados (sí, creía entonces que el nuestro sí lo era), el asesinato de Kennedy lo veía como una historia de Ciencia Ficción, completamente alejada de mi mundo y de mi realidad.
    Me dolió, no por que conociera a Colosio, o por que fuera PRIista… me dolió por que sentí talvez una terrible vulnerabilidad; imaginar que quienes tienen el sartén por el mango (esto es, quienes lo mataron) un día decidan freirnos a todos sin que nos diéramos cuenta… si lo hicieron con uno frente a todos… ¿qué no nos harían a todos?

    No me imagino que hubiera pasado si él estuviera vivo, definitivamente los hubiera sobran. Pero lo que es verdad es que hoy en día el estado en el que se encuentra nuestro país siento yo, es indefinible. A algunos les va muy bien, a algunos les va super mal, y algunos nos va más o menos.
    Hoy, el caso Colosio, no es más que un caso aislado, entre tantos casos de asesinatos de esa índole… en fín…

    Buen post! ^^

    Akire | Mar 26, 2008 | Responer

  2. Wow!! mira samurai o padre adoptivo??!!! jejeje, bueno yo que me acuerde estaba demasiado pequeña pero muy muy lejos recuerdo que en casi cadena nacional se popularizaba una muerte, que para la television de esos tiempos era algo asi como una visita papal o que la selección ganara un mundial, o sea, era de super wow!!

    La television siempre ha estado llena de violentas y trágicas muertes, pero la de monseñor Colosio (que ahora lo quieren hacer santo), fue algo espectacular, como lo dices era el próximo “Don Miguel Hidalgo”, quien nos sacaria del horrible hoyo al pais y obvio su muerte enfureció a miles de ciudadanos, pero alegró a muchos otros!!

    Su aniversario luctuoso se celebró en las instalaciones del CDE PRI sin pena ni gloria, donde asistieron unos cuantos por interes y otros muchos por obligación, lo que si bien es cierto que aunque callado, seguirá siendo la esperanza frustada del partido.

    debekut | Mar 27, 2008 | Responer

  3. Pues sí escuché sobre el aniversario de su muerte.
    Deslucido, casi en el olvido ha quedado ese político mexicano. La verdad quizá nunca la sabremos, al menos de parte del sistema, llámese PRI, PAN (cuyos gobiernos no han movido un dedo para esclarecer el homicidio) e incluso llámese PRD.
    ¿Qué hacía ese día?
    ¡Menuda pregunta! Bueno, puedo decir que “me salvé del atentado”. Me explico.
    En aquel entonces trabajaba en la redacción de El Sol de México, periódico insignia de Organización Editorial Mexicana, era mi día de descanso, por lo que había invitado a mi novia (hoy mi esposa) a salir a dar una vuelta por el centro de la Ciudad de México. Después, en el Metro, escuchamos a un periodiquero que decía “entérese del atentado contra Colosio”. De inmediato pensé en huevazos o quizá una piedra, a Diego Fernández de Cevallos ya lo habían increpado en algunos lugares y supuse algo similar con Colosio.
    De momento, el gusanito periodístico me picó y le dije a mi novia, “voy a llamar a la redacción para ver si me necesitan”. Me hizo cambiar de opinión y bueno, me salvé de la maratónica velada que significó para todos en la redacción este acontecimiento. Al día siguiente, no me salvé de las reacciones y demás.
    La noche de la muerte de Colosio fue inolvidable, no podía dormir, pensaba, aunque parezca cursi, en el destino del país. ¿Quién y por qué? ¿Cómo fue la muerte del candidato priista? Debo decir algo, y esto fue un pensamiento que tuve semanas antes. Pensé que iban a matar a Colosio después del famoso discurso del 6 de marzo. Colosio había establecido [b]en el discurso[/b] que habría una separación entre el PRI y el Gobierno. Eso era poco menos que un sacrilegio. Cuentan que Fidel Velázquez, el casi inmortal líder obrero, sálió del Monumento a la Revolución echando pestes. Y le comenté a mi padre, en aquel entonces: “Van a matar a Colosio”, lo que había dicho era demasiado fuerte y casi imperdonable. Pero en fin, esa noche del asesinato, pasaban las horas y me despertaba de pronto, no conciliaba el sueño, quizá era más fuerte la mezcla de intranquilidad, preocupación y morbo reporteril, por lo que decidí sacar una caja de casetes y ponerme a monitorear estaciones de radio. Todos hablaban del tema. Televisa se fue a negros. Así me amanecí, grabando noticiarios y ahí siguen esos casetes, guardados. Buena la pregunta, que sirve para mover las telarañas de la memoria nacional individual.

    Héctor | Mar 30, 2008 | Responer

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